11. Cuando bajé del avión llevaba dos días sin dormir. La mujer policía me recibió con pinzas y lupa; me metió en un privado y comenzó a revisar mi maleta. Era humillante verla examinar mis calcetines, mi talco para los pies, mi libro de Céline. Después de un rato la mujer policía me miró directo a los ojos, me empaló con los ojos como si fuera yo una boleta y declaró que no estaba satisfecha. — ¿Sabes por qué? — No, señora. — Porque me pareces sospechoso. Creo que escondes algo. — No, señora, no escondo nada, nada que t…
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