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Poemas de Ximo Rochera





Canibaal culture

Soy hijo de la lujuria,
de Picabia y Arrabal
Viena número 35.
Crecí en un útero metálico
frio y lleno de plástico reciclado.
Mi cabeza desproporcionada asusta a los médicos
que sienten pánico.
La mandíbula amenazante se come los píxeles
de la pantalla vegetariana.

Son mellizos, grita la enfermera negra
mientras extrae el fémur que deposita
en la cuna cónica.
Habrá que darles leche,
sugiere Nadja mientras saca su teta;
rica leche roja.

¿Cómo puede ser que tan pequeño tenga esos dientes?
No tendrá amigos, le dicen a lo lejos,
Son dientes de fogueo.
No tendrá amigos.
El santero cubano es el primero en aceptar el veredicto:
no tendrá amigos.
Tras él, sus miedosos cómplices:
no tendrá amigos
 y los pocos que tenga los perderá.

Escribo con mis afilados colmillos
sobre la patata pelada,
pero esta se pudre en la ubre de Nadja.
Mis palabras no están escritas para perdurar.
No eres Bolaño –ríe Muller
mientras me saca a pasear por el Rabal.
Bebo cerveza postista de turista en las Ramblas,
en la calle Bru.
Bebo con Beneyto la mejor cerveza de Barcelona.
Huelo a cloaca,
me lavo la sangre en la fuente.


El Canibaal duerme como un niño consentido
mientras es acuchillado por la espalda
con sentido.


Me lamo las heridas como Schrödinger hacía…
O no lo hago.
Vienen otros que juran lealtad y brindan por mí
con sus copas llenas de mercurio.
El veneno me hace cojear,
todos notan que ya no ando igual
y me lo recuerdan en público;
en público para ridiculizarme,
que ya no ando igual.

La correspondencia vieja viaja otra vez,
el buzón se desgasta en el gesto.
Vengo de donde vengo:
de Leopoldos y plásticos reciclados,
de petróleo venezolano.
Yo no soy un aristócrata.
Mi eco me repite en el espejo
que esto acabaría mal.

¿Cómo puedes decir eso si sigo andando?

Surfeo sobre el sillón de skay del dentista
mientras me pincha las encías sucias de heroina.
Podemos poner implantes,
no será lo mismo, pero podrás masticar.
¿Masticar, dices?
Quiero que me mates y me eches en el contenedor amarillo
Quiero que con mi sangre pintes graffitis en las calles
Que con mis dientes hagas pendientes
Con mi mugre un perfume,
eso está de moda.
Quiero que con mi único hueso golpees las cabezas de esos idiotas
hasta que el fémur sea polvo blanco.
Que sus sesos con monóculos de intelectual
tartamudeen estupideces en mi funeral
Que me abandones en paperinas
flotando sobre el Ganges sucio.




La Cena Canibaal

¡A la cena!
Gritan los doce apóstoles a las doce
¡A la cena!
Falta Judas, balbucea el juez
A nadie escapa que todo es negro,
Repite el zanguangón,
Y viaja en patera, en primera clase
A nadie escapa que aquellos mejor vestidos
vendrán con sus barcos de nuez…

Judas gasta mascota en hombro,
Como el juez

La gaviota me picotea el ojo
Dejo que siga por pereza
Y también por falta de carácter.
Lo devora como un grano de maíz de Monsanto.
Santo, Santo, Santo es el señor
Dios del Universo
Y de este verso.

Judas no sabe escribir poesía
Las letras de sus poemas se cogen de la mano
Se disfraza como los buenos poetas:
esos que ganan premios
y pasean por el Corpus
junto al alcalde, como debe ser,
dice el juez.

El juez tampoco es poeta,
luego Judas es el juez.
Lógica filosófica.

A nadie escapa que otros vendrán,
Otros mejor vestidos,
Personas ilustres con caros trajes
y togas.

Pájaro-apóstol se posa en el hombro togado
Y vomita mi ojo en su mano.
El juez lo guarda como un tesoro.
En el bolsillo está, dice Judas.
Ahí lo tengo, en el bolsillo.


Con el tiempo
Pájaro-apóstol aprende a hablar
Y recita poesía
Mala poesía de su amo y señor
Poesía negra con cabeza calva de papel de cebolla
Que hace llorar a los oyentes

Mi ojo humedece su bolsillo con las lágrimas
de rabia y dolor.
Mi ojo llora la traición hasta los pies
La traición, Judas, la traición.

El olivo, como el reloj,
pondrá a cada uno en su sitio, le digo
mientras le veo, con mi ojo bueno,
alejarse cabizbajo
marcando la joroba grasosa.





La caída

Esa hoja cae como segada por una hoz
En su desorden adormecedor
Es consciente de lo que fue su corta vida.
Desoyendo todas las leyes de la física
Parece detenida en el aire.

Abajo, las fauces abiertas del Canibaal
la esperan.
La saborean aún sin haberla tocado.

Esa boca dentada sin ojos
ojea el espacio en busca de explicaciones:
Mira a Kepler, Newton y Pascal
para que entre los tres impongan la lógica,
la física y la filosofía.
¿A qué tanto comportamiento hostil?
arguye con hilillos de baba resbalando
por los cónicos colmillos.

Intenta evolucionar su pensamiento:
¿De dónde viene esta hoja?
Es obvio que de un árbol,
Pero, ¿Es eso lo que busca el pequeño dentado?

¡No!

La hoja ecológica se viste de negro
con letras que no entiende.
Está en esa fase adolescente
Obscura.
No espera que la comprendan
Suficiente tiene con intentar defender
su identidad.

Esa hoja, hija de revista
Y de árbol
Fue arrancada y arrojada
al aire-vacío-oquedad-infierno.

En ese no-descender,
mientras la húmeda espera
detiene los relojes,
La boca lee signos y palabras
Descubre que la hoja es su hija
Y es Canibaal.

Y piensa:
¿Cómo puedo devorar la carne de mi carne,
a mí mismo?
Incomprensiblemente el momento tarkovskiano finaliza
Y la hoja cae.
Y la boca abre,
muerde
y
traga.

Así es la vida, piensa mientras eructa dos AA
que flotan en el aire
dando lugar a otro poema.




[Él]

En el claustro entra poca luz, estoy solo.
Los toldos tamizan el sol de noviembre.
El deambulatorio ha perdido su función:
Nadie habla, nadie piensa, ya nadie deambula.
¿dónde está Baudelaire?
Las [cosas] son como son.

Los cristales indiscretos actúan como espejos
a los que les salen patas para parasitar el pensamiento.

El pensamiento tiene estudios: varias carreras
en las mejores universidades.
El pensamiento es un cura falso con cara de filósofo
Es un maltratador.
El pensamiento es el lobby del pensamiento.
El pensamiento olvida lo que dice,
dice lo que no hace,
y hace para figurar.
El pensamiento no permitirá que te olvides de él
Porque él es [Él]

[Él] lleva capa magna y solideo
y toca el culo a los poemas malos
y masturba a los buenos.

[Él] dice que no ha sido él

Entonces, ¿[Él] no es [Él]?

Suenan las campanas del Carmen

Él, Él, Él…

[Él] se diluye y huye. No oye, sólo huye.

A lo lejos: Él, Él, Él…

[Él] es un elemento químico sin masa atómica
sin casa en Medeleiv City
Es un nadie
Y nadie le recordará.

Se envolverá en paperinas de celofán
que se olvidará en un baño de las Ramblas
con la excusa de conocer a Genet.
Mañana se acercará cojiturno y renqueante
Con sonrisa ladina y gesto ladeado
Necesita un favor, pero lo esconde de lado.
El bigote fino se mueve al subir el labio
Le hace cosquillas y deja ver la negrura fluorada
El vicio canino de papeles y celofanes.
[Él] esconde a qué ha venido
es importante mantener la compostura
para que el sastre le haga el traje a medida.
Pronto sonreirá y comenzará a hablar
Escupiendo restos de la noche.
Se atreverá a pedir lo que ya ha cogido,
Lo que ha afanado mientras dormía.
Nombrará recuerdos y prometerá oros
y favores feroces como un feriante sin megáfono.
Esperará su recompensa: loores y adulaciones
En una caja de Ferrero Roché, envueltos en papel de plata.
Plata de Judas que sembrará los olivos y no los bolsillos.
Plata, rica plata, gritará con modestia.
Rica plata de punta de pluma que escribe con letras de metal
sobre la grupa del cuervo.
Vomitará letras que formarán palabras
que construirán frases que segarán los cuellos
a la altura de la nuez.
[Él] tiene perfil de Facebook
con un avatar que enseña su diente de oro
Es un diente brillante, pero no blanco y limpio
Como los mismísimos dientes de leche de Baal.
Los curiosos navegantes, cegados por el oropel
adularán a esa especie de Dios [Él]
y serán recompensados con sus graznidos.

Vuela pajarraco, vuela
y deja de mostrar tus encantos panerianos.
Ten cuidado puesto que el corcel lastimará tu diente de oro
se pudrirá lo que toques como si un Atila viviese en ti.
Deja que la cerveza se escape de tu boca cuando hables
y la orina manche tus pantalones y que sus bolsillos
rígidos por el esperma reseco de años te haga tambalear.
Torres más altas cayeron.
En las plazas de los pueblos ya se retiraron tus esculturas
de bronce y dolor.
Finaliza ya tu tiempo. Todo acaba,
sí, todo acaba.
La mejor de tus plumas negras escribirá tu propio final
Sobre la espalda del confesor desnudo con botas de militar
Agachado y rindiéndote pleitesía.
Tu final llorará el confesor mientras con tu diente
se hace un anillo que mostrará orgulloso a la jauría
que tras los barrotes del Facebook esperará
que se les eche migajas de tu pan negro.







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