El crimen del profesor de matemáticas Cuando el hombre alcanzó la colina más alta, las campanas tocaban en la ciudad, abajo. Apenas se veían los techos irregulares de las casas. Cerca de él estaba el único árbol de la llanura. El hombre estaba de pie con un costal pesado en la mano. Miró hacia abajo con ojos miopes. Los católicos entraban lenta y delicadamente en la iglesia, y él trataba de escuchar las voces dispersas de los niños derramándose en la plaza. Pero a pesar de la limpidez de la mañana, los…
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