LEO LOBOS Y EL DESFILE DE SU ANIMALIDAD EN LA URBE MULTICULTURAL
Por
Geruza Zelnys de Almeida
Prólogo
del libro "Una visita al Zoológico
fantasma" de Leo Lobos
publicado
en la Colección poeta Raúl
Zurita de MAGO Editores 2026
“El
artista no asocia ideas, asocia formas, que para él
son las únicas ideas que
cuentan”
(Décio
Pignatari)
“Feroz
es la letra que me escribe"
(Leo Lobos)
Una
excitación visual toma al
lector desde las primeras palabras, o mejor dicho, pinceladas del poeta-pintor
chileno Leo Lobos (Santiago de Chile, 1966). Descolocado del ser para el somos,
el lector se deslumbra ante la novedad de estar inmerso en la malla de los hechos
que componen Una visita al zoológico
fantasma. Esa es la invitación-tarjeta-postal
que Leo Lobos nos extiende: el desplazarse lentamente por nuevos lugares, a una
velocidad-luz que ilumina la faz del hombre posmoderno: hombre-fantasma que,
además de ser, está
“solo”
para desfilar su animalidad en la multiplicidad fÃsica
del Mundo. Es asà como paÃses
y continentes, bajo la pluma-pincel de Leo Lobos, se tornan espacios informes,
cuyos esbozos se deslizan y se confunden en el espacio-tropical de la
hoja-tela. El mundo por detrás
de las “colinas de azúcar”
seduce y produce sensaciones sonoro-visuales en el lector transformado en
visitante-caminante-ciclista. Imágenes
que abrigan el valor cronotrópico,
teorizado por Bakhtin, de esta poesÃa:
tiempo y espacio extendiéndose
e interrelacionándose en una
perfecta simbiosis. AsÃ,
Leo Lobos construye imágenes
que “hablan”,
“rÃen”,
“bailan”,
“suspendidas”
en la “boca”
(Hablan) de una poesÃa de plasticidad
impar, hermana de su pintura ágil
y multicolorida. La lectura de esta poética
es re-veladora de los viajes del pintor –
Leo Lobos – que, con trazos rápidos
y certeros, hace al lenguaje recuperar su colorido: en el espacio en blanco.
Cromatismo que se presenta muchas veces sin la presencia explÃcita
de los colores, pero con matices de una imaginerÃa
que se funden en clara y delicada armonÃa.
Esos matices sonoro-visuales se proyectan en los núcleos
semánticos: carros, velocidad, tiempo,
ciudad, calles, balas, chimeneas, dinero, entre otros términos
que pro-mueven el intercambio poemático.
Es asà como la modernidad
se inscribe en la poesÃa
del autor: imágenes en movimiento
disparan estÃmulos sobre la
retina mental: “el automóvil
esta poseÃdo por la fuerza de
los animales que le habitan”.
Leo Lobos eleva tanto lo ordinario cuanto lo extraordinario en trazos paralelos
que se tocan: lo automático
y lo mágico se mezclan ante
la mirada aglutinante del poeta que selecciona y combina los colores en su
tela. Y el poeta visualiza ese trabajo en la construcción
de “campanas-nubes”,
que la mente recibe como un portmanteau (campanavientos): gota-paisaje
concreto-abstracta pas(e)ando su levedad por la hoja de papel. Levedad oÃda-vista
en el tamaño de los versos que
se diluyen: concretización
de una nube-zumbido moviéndose
al sonido del viento. Pero no es solo en la utilización
del portmanteau que la influencia de Lewis Carroll es anunciada. El
poeta lo pinta en “Buscando luces en la
ciudad luz”, como dándonos
una pista de la estructura multifacética
y de espejos en la cual se funda su poética:
poemas que reflejan otros poemas, reflejos que se astillan mostrando la
diversidad de las mismas imágenes
atravesadas por el tiempo de la mirada: “por
qué lugar se entra se sale del espejo”.
La configuración rÃtmico-temporal
del mundo moderno es visualizada también
en la construcción perpleja entre
versos largos y versos cortos: movimiento que expande-contrae-expande el
nosotros-yo-nosotros en el todo de la composición.
AsimetrÃa simétricamente
construida en un lirismo particular que texturiza el estar atónito
delante del tumulto de imágenes
poéticas. Leo Lobos es esa metamorfosis
actuante en la construcción
de una tormenta lingüÃstica en la cual se
oyen: pintores, poetas, escultores, filósofos,
ingenieros, amigos del camino. Se sabe pájaro,
voz individual que se eleva; se sabe gATO (ato = acto), participante de una voz
colectiva que suena en eterno diálogo:
“siempre atento escuchar tres lenguas
diferentes hablar un idioma fascinante misterioso y conocido oÃr
e ir en su música”.
La sensibilidad cromática y plástica
de Leo Lobos hace de su poesÃa
una ruta a ser deliciosamente recorrida, no como quien pasea, sino como el
animal hambriento que va: sentidos alertas, ojos atentos, pies y alas
dispuestos. Es en busca del alimento poético
que Leo Lobos prepara sus caminos y los nuestros. Caminos que no se callan, ni
siquiera cuando la tinta negra de la noche en su útero
silente cae sobre este lobo itinerante.
Geruza Zelnys de Almeida
MagÃster
en Literatura y CrÃtica Literaria,
Pontificia Universidad Católica
de São Paulo, Brasil


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