"Nos alejamos de la ciudad /
balanceándonos junto al viento /
en la plataforma del último carro del tren
nocturno"
Jorge Teillier
El viaje iniciático es una experiencia de
transformación que combina un desplazamiento físico y un proceso de reflexión
profunda. Se caracteriza por enfrentar retos que cambian la identidad del
viajero, superando pruebas de tipo espiritual y logrando con ello una toma de
conciencia sobre uno mismo. El movimiento hacia afuera se inició con la
solicitud de un estudiante de Letras de la Universidad de San Marcos de Lima de
conseguir una entrevista con el poeta chileno Jorge Teillier para la
realización de una tesis de investigación donde el escritor chileno y su
poética eran el tema central. Por esos días del año 1992, trabajaba como
encargado de comunicaciones en un centro bibliotecario en las afueras de
Santiago; luego de algunas llamadas conseguí la entrevista. Jorge Teillier nos
citó en la calle Nueva York 11 en pleno centro de Santiago.
El tren dividía en dos mitades exactas su pueblo natal al sur de Chile, marcando así el compás del tiempo implacable. No es de extrañar que "Los trenes de la noche", su famoso poemario, nos presente locomotoras, rieles, estaciones lluviosas, trenes donde el viajero observa nostálgico el campo desde el último de sus carros. La memoria y el vínculo sagrado entre el mundo rural y la ciudad, el ferrocarril como una figura central de su niñez y al mismo tiempo el medio de transporte para sus viajes a Santiago, donde inicia su vida universitaria, el encuentro con otros escritores y la paradoja de vivir como un desterrado de su lar: "Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni para los iniciados. Es para la niña que nadie saca a bailar».
Cuando conocí personalmente a Jorge Teillier, yo tenía 26 años. "Un poeta joven, ya se la va a pasar", sentenció. Me encontraba en la búsqueda de un estilo, mirando con desconfianza el mundo y el propio proceso de escritura; ya entendía que el arte bien hecho de cualquier especie requiere de constancia, trabajo, disciplina y no solo de momentos de inspiración mágica. No sabía si era "tarde" o "pronto" para destacar en este oficio; dejaba atrás la escritura de pura emoción para trabajar los textos con mayor rigor, aun combinando la juventud con la conciencia del oficio literario.
Jorge Teillier definía la poesía como un refugio cotidiano, un acto de resistencia personal y una forma de vida, no buscaba cambiar el mundo de forma política, sino equilibrar sus penurias a través de la belleza, el rescate de la infancia y las cosas simples de la vida. La poesía como un acto de humildad, de confraternidad, un acto de amor, para ayudar, dar aliento a los demás, ser como un cesto de mimbre o un pan fresco, que calman en parte la dureza del mundo. Buscando de esta manera un equilibrio espiritual entre el presente y los días perdidos, la infancia como la verdadera patria del hombre, el lugar emocional más profundo, el origen mismo de los recuerdos según el poeta alemán Rilke, influencia espiritual y poética de Teillier. La concepción de la poesía como una manera de vivir la vida, sacralizando los objetos cotidianos, pues ellos guardan la experiencia humana, la memoria y, no menos relevante, la aceptación de la muerte unida a la existencia, ese lado oculto de la vida que debe asumirse con plena conciencia. Lo importante para él no era escribir versos, sino transformarse en un poeta y entender la poesía como un modo de estar en el mundo. La poesía era una forma de comunicación para Teillier que construyó su obra dialogando con figuras tutelares de la literatura, no solo chilenas, voces como George Trakl, Esenin, Villon, Hölderlin, Fournier, René Guy Cadou escritores de un canon antiguo, trágico y bohemio, cuya atmósfera de provincia y mundos perdidos admiraba, autores que marcaron su vocación por el viaje, el asombro y la aventura interior. Como el poeta chileno Rosamel del Valle, por ejemplo, en quien Teillier reconocía una presencia orientadora dentro de su propia formación estética, observando los espacios del día a día habitados por sueños y misterio, usando imágenes recurrentes como la melancolía del invierno y la construcción de su propia mitología.
Al concluir el trayecto de regreso a casa, luego de superar dificultades y miedos, volvemos con una visión renovada. Jorge Tellier nos cambió para siempre ese conjunto de rasgos y formas que definen nuestra manera de ser y también nuestra forma de ver la vida y la poesía.Lo más importante no es dar en el blanco, sino lanzar la flecha, provocar un cambio profundo del espíritu; donde quizás las palabras no son lo más importante, palabras -un poco de aire movido por los labios-, pues ellas ocultan lo único verdadero: que respiramos y dejamos de respirar.
Leo Lobos (Santiago, 1966) es poeta, ensayista, traductor, artista visual y gestor cultural. Ha recibido los Premios UNESCO-Aschberg de Literatura en 2002 y el Gran Premio Bernardo Recabarren por méritos artísticos y culturales en 2024, entre otros. Ha publicado una veintena de libros y ha realizado exposiciones en Chile y en el extranjero. Es encargado de proyectos y gestor cultural del salón Museográfico Tres Acequias y de la Fundación Profesor José Recabarren de San Bernardo.


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