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Poemas de Ángel Ortuño






EL SORPRENDENTE HOMBRE ARAÑA

Creía
morir. Seguramente era
un efecto indeseado
de la picadura y la radiación
(como si lo demás fuera deseado, vamos!,
pero le permitió
lucir musculatura con trajes ajustados, trepar
por las paredes y dejar la ciudad
hecha un asco de telarañas).

Veía al mundo caer
en el caos. Sin él
todo sería un festival de crímenes.

Van
a llorar por mí.
¡Y será tan bonito!

Hoy dice que le avergüenza recordar que sólo tenía gripa,
un vulgar
resfriado.
Pero,
en realidad, atesora esos días como los más sexys
de su vida.




ÉL NO QUIERE ADMITIR QUE NO CONOCE EL JUEGO

Desconozco
las reglas y no sé
qué es lo que se pretende o cuándo
gano.
Digo: sabía
jugarlo,
pero fue hace tiempo y ya
se
me
olvidó.

Creo que no se puede
hacer eso que hiciste
porque perdías y el otro tenía derecho a incendiar
un libro tuyo y tú
estabas obligado a inhalar el humo.

Era algo así.




 SI QUIERES VERME DESTRUIR UN AUTOMÓVIL


La voz en off me dice que es
aconsejable
cuando se habla de un personaje histórico
en el poema,
que su interpretación
no dependa de circunstancias que se esfumarán
como si el poeta hubiera tomado nitroglicerina y de postre
un cerillo encendido que se bajó a brinquitos.

Pero,
¿cómo pongo a Cleopatra o Nefertiti por un lado del Cadillac
rosado
que Wendy Orleans Williams embelleció con una motosierra?




LA GENTE NACIDA UN AÑO DESPUÉS DE QUE USTED NACIÓ ES CADA DÍA MÁS ESTÚPIDA

Incluso escriben títulos para poemas
cuya redacción apenas podría compararse
en torpeza
con el resto de eso que cortado en pedacitos aprovecha
que nadie lo compara con un plato roto, además
uno de pésimo gusto, decorado
con pastoras deformes y trovadores
provenzales hermafroditas.
Se vale, pues,
de todos los trucos siempre y cuando sean
los peores,
para conseguir sus innobles objetivos.




CÓMO SABER SI ALGO ES ARTE URBANO O SIMPLE VANDALISMO


La caída de Roma, por ejemplo.
¿De dónde son los vándalos? Parece
que de algún pueblo escandinavo.
Que sean tan malvados ¿depende
de que nuestro idioma provenga del latín?
(Aquí se alquila un espacio publicitario para vender hilo negro o decir
que
en realidad
es sólo una mentira conveniente imaginar que hablamos un idioma
que venga del latín).
El caso es que son malos. Rompen
todo.
Y rayan las paredes como si fueran niños de cinco años.
Una de las evidencias de posesión satánica,
por cierto,
es la fuerza de adulto en un niño pequeño.
Y si es niña,
peor.

Ahora que no se usan exorcismos, que ya
¡o tempora o mores!
arder en plaza pública no es oficio de nadie,
no me queda más remedio que invitarlos a un diálogo abierto.

Sí, vándalos,
a ustedes.




EL CUENTO DE LOS TRES CERDITOS

Simplifiquemos: sólo
es uno.
Los otros dos se quedan en el título
que es,
ya lo sabemos,
una casa de paja y de madera
y el lobo ni siquiera se toma la molestia de gastar su aliento:
espera el informe oficial
donde responsabilicen a los cerdos por construir de manera irregular,
con materiales inadecuados
y contra los intereses legítimos de los propietarios del predio.
Propietarios que son
un solo cerdo:

el tercero, con forma de alcancía.


LAS ARAÑAS NO TIENEN ALAS

Pero tienen
cuarenta mil tormentas eléctricas al día
que convierten la Tierra
en un circuito enorme. Incluso
en días soleados,
el aire acumula cien voltios
por cada metro que se aleja del suelo.

El hilo de la araña
repele
a la carga similar en plantas,
sobre todo.

La carga es negativa.
No podrían volar
pero lo hacen y luego se acicalan.

Su espejo es una

cucharita de té.





Ángel Ortuño (Guadalajara, 1969) es autor de Las bodas químicas (Secretaría de Cultura de Jalisco, 1994), Siam (Filodecaballos, 2001), Aleta dorsal. Antología falsa, 1994-2003 (Arlequín, 2003), Minoica (con Eduardo Padilla, Bonobos, 2008), Boa (Mantis, 2009), Mecanismos discretos (Mano Santa, 2011), Perlesía (Bonobos, 2012), 1331 (Práctica mortal, 2013) y El amor a los santos (Ediciones el viaje, 2015).






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