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Poemas de Rubén Silva: De Espacios Otros, Gatojurel Ediciones 2016.





Poemas del libro Espacios Otros, Gatojurel Ediciones 2016.

La mantequilla sobre la mesa se derrite dispar en sus extremos, al igual que un cubo de hielo en el mar a una distancia indeterminada de la orilla  más cercana.
La luz que atraviesa la cortina se posa encima de los implementos como un manto que evapora brillo, creando sombras que se mueven por la superficie.
Nuevas distancias recorridas crean apariencias triangulares, que se estampan al margen de los objetos que una vez cubiertos, son de su propiedad.
El calor que derrite, puede convertirse en experiencia que expulsa recuerdos por un agujero esbozado en algún sitio de la membrana neuronal, o en una esquina de la memoria donde es imposible llegar.    




Ondas que se dibujan ficticias en el sistema de ventilación absorben palpitaciones que se transforman en información eléctrica.
En medio de este artificio, el hombre contemporáneo, enfrentado a pulsiones auditivas que rebanan el cerebro, se retuerce como las patas de una mesa cuando son arrastradas por el suelo, o una tijera es presionada sobre la misma plataforma, produciendo un cosquilleo en el estómago que hace que los pelos de los brazos flameen desde la raíz.
Así, los pies se mueven a un ritmo irregular, las uñas palpan la costura de los zapatos y su planta se despega de la base de cuero que absorbe humedad, material sintético que cubre las extremidades.
Las células empapan lugares que el cerebro decodifica por medio del oído.














El dedo índice dibuja figuras geométricas encima del vidrio poroso de una ventana, remarcando el contorno de una imagen recóndita: adultos ruegan que un dios detenga las manecillas del reloj y proporcione un racimo de estímulos afables.
Un sujeto frente al inodoro mira cómo el líquido ahoga un puñado de papeles desechables dentro de la letrina, y mientras el tiempo se escabulle en un remolino, piensa que Dios puede ser más intenso cuando su aparición está mediada por una computadora, o una imagen que escurre por las rendijas de las puertas y envuelve el espacio en una nube aturdida en el aire.
Y así, las notas viajan como marea, los muros del lugar palpitan y el concreto absorbe el sonido que apenas alcanzó a repercutir.
Las murallas son la red micro-celular que atrapa vibraciones o una estructura programada para aprisionar una entonación traslúcida. 














Se abre una puerta, entra la luz y por detrás de la madera aparece esa sombra simétrica.
La penumbra no es negra en su totalidad, existe cromatismo, parte de la orilla del rectángulo es más clara y la irradiación no afecta a la oscuridad.
La puerta se cierra y la sombra se mimetiza en la fosforescencia que entra por el  pasillo, luego, se extingue en un silbido, el soplo que viaja a través de un medio elástico que diminutas partículas entorpecen.



















El cuchillo mojado ha cortado la primera falange del dedo anular de la mano izquierda, un corte limpio que abre la carne donde brotan chorros de petróleo grasoso.
El dolor parece intenso, la bolsa de basura con heces de perro se infla y el olor escurre por el músculo recién traspasado por la hoja de acero, estado de gracia que arruga la nariz.
La sonrisa de una mujer, expuesta en el reflejo del vidrio que resguarda una prenda de lana colgada en la pared, una imagen de especulación, del habitar del hombre en un espacio rodeado de invenciones geométricas, científicas.
Un pañuelo presiona la herida que ha dejado de escurrir.
Manchas de sangre han inaugurado la utilidad del papel, arquetipo del ingenio humano.
Ciego, el día se sumerge entre nubes rojizas que consumen la luz, mientras un murmullo de personas en la calle se mutila encima de un pavimento que empieza a enfriarse.







Desde una taza caen gotas de té en el cobertor de la cama que se mancha de una sombra que desmiente teorías sobre el color y sus artificios.
El algodón absorbe el líquido que se consume en el instante en que la sombra se detiene en seco, cambiando el estado de la materialidad del género.
El reflejo de la luz que se proyecta recto en un espejo muestra la situación desde un ángulo cinematográfico.
Las formas de aprehender, un suceso que depende del lugar de donde el ojo fija su atención.



Rubén Silva nace en Chile (Valdivia) en 1986. Ha escrito la novela corta Blues Suicida (2013) y el libro de cuentos Los Hijos de los Hombres (2015) ambos publicados por la editorial independiente La Polla Literaria, y el libro de poemas Espacios Otros publicado por la editorial independiente Gatojurel Ediciones. Varios de sus textos han visto la luz en la revista virtual Lakuma Pusaki. En el año 2017 publicará su segundo poemario Ighango (Gatojurel Ediciones) y la novela La Pregunta Sin Respuesta. En la actualidad radica en Santiago de Chile y dirige el proyecto de música experimental Ustvolskaya Band.  http://www.gatojurelediciones.cl/


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