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Problemas de la poética de Dostoievski por Mijail Bajtín




Fragmento.

En Dostoievski, el argumento carece de toda clase de funciones conclusivas. Su propósito es el de situar al hombre en diversas posiciones que hacen que se descubra y se deje provocar, el de reunir y de hacer chocar entre sí a la gente, de tal manera que esta gente no permanece dentro del marco de este choque argumenticio y sale fuera de sus límites. Los vínculos auténticos se inician allí donde un argumento normal se acaba, habiendo cum­plido su función auxiliar.

Shatov le dice a Stavroguin [en Los endemoniados] antes de iniciar su profunda plática: "Somos dos seres y nos reunimos en el infinito. . . por última vez en el mundo. ¡Deje su tono y adopte uno humano! Siquiera una vez hable con voz de hombre."

En realidad, todos los personajes de Dostoievski se juntan fuera del tiempo y el espacio como dos seres en el infinito.1 Se cruzan sus conciencias y sus mundos, se cruzan sus horizontes en­teros. En el punto de cruce de sus horizontes se ubican los puntos culminantes de la novela. En los mismos puntos se encuentran también las junturas de la totalidad de la novela. Son extraargumentales y no corresponden a ninguno de los esquemas de cons­trucción de la novela europea. ¿Cómo son? Aquí no contestare­mos esta pregunta principal. Los principios de combinación de voces podrán ser descubiertos sólo después de un análisis esme­rado de la palabra en Dostoievski. Aquí se trata de las combina­ciones de los discursos completos de los héroes sobre sí mismos y sobre el mundo, discursos propiciados por el argumento pero que no caben dentro del argumento. La parte subsiguiente de nuestro trabajo está dedicada al análisis de la palabra.

En su cuaderno de notas, Dostoievski da una extraordinaria defi­nición de las particularidades de su creación: "Dentro de un realismo completo, encontrar al hombre dentro del hombre […] Me llaman psicólogo: esto no es cierto, yo soy tan sólo un rea­lista en el sentido superior, es decir, represento las profundidades del alma humana."

"Las profundidades del alma humana", o lo que los idealistas románticos solían llamar "espíritu" a diferencia del "alma", lle­gan a ser, en la obra de Dostoievski, objeto de una representación objetiva, realista, sobria y prosaica. Las profundidades del alma humana en el sentido del conjunto total de los actos ideológicos superiores (cognoscitivos, éticos y religiosos) eran, en la obra li­teraria, únicamente objeto de una expresión patética directa, o bien determinaban esta creación como sus principios. El espíritu se presentaba como espíritu del autor mismo objetivado en la to­talidad de la obra por él creada, o como la lírica del autor, como su confesión directa en categorías de su propia conciencia. En uno y en otro caso el autor aparecía como "ingenuo", y ni siquie­ra la misma ironía romántica pudo eliminar esta ingenuidad, por­que permanecía dentro del mismo espíritu.

Dostoievski se vincula orgánica y profundamente con el ro­manticismo, pero aquello que un romántico enfocaba desde dentro en categorías de su propio yo, aquello de lo que estaba poseído, Dostoievski logró representarlo desde el exterior, y de manera tal que este enfoque objetivo no bajó ni un ápice la problemática espiritual del romanticismo, no la convirtió en psicología. Dosto­ievski, al objetivar el pensamiento, la idea, la vivencia, nunca llega por las espaldas, nunca ataca por detrás. Desde las primeras hasta las últimas páginas de su obra se dirigía por el principio de, para la objetivación y conclusión de la conciencia ajena, no uti­lizar nada que no fuese accesible a la conciencia misma, que es­tuviese fuera de su horizonte. Incluso en el libelo para descubrir a su héroe jamás utiliza aquello que éste no ve ni conoce (tal vez con raras excepciones); no representa, con la espalda del perso­naje, su cara. En las obras de Dostoievski no hay, al pie de la letra, ni una sola palabra esencial acerca del héroe la cual el héroe mismo no hubiese podido expresar acerca de su persona por su cuenta (desde el punto de vista del contenido, no del tono). Dos­toievski no es psicólogo. Pero al mismo tiempo, Dostoievski es objetivo y con pleno derecho puede llamarse realista.

Por otro lado, Dostoievski también objetiviza toda aquella subjetividad creativa de autor que matiza poderosamente el mun­do representado en una novela monológica, volviendo objeto de percepción aquello que solía ser forma de percepción. Por eso aleja a su propia forma (y a la subjetividad de autor que le es inmanente) cada vez más profundamente, hasta el punto de que ésta ya no puede hallar su expresión en el estilo y en el tono. Su héroe es un ideólogo. La conciencia del ideólogo, con toda su seriedad y con todas sus escapatorias, con toda su fundamentación y profundidad y con toda su separación del ser llega tan rotunda­mente a formar parte del contenido de su novela que este ideologismo directo y monológico ya no es capaz de definir su forma literaria. El monologismo ideológico después de Dostoievski se vuelve "lo dostoievskiano". Por eso la propia postura monológica de Dostoievski y su valoración ideológica no llegaron a enturbiar la objetividad de su visión artística. Sus métodos artísticos de representación del hombre interior, del "hombre dentro del hom­bre", permanecen ejemplares para cualquier época y cualquier ideología, gracias a su objetividad.


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