
POEMAS DEL ASFALTO
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
1
Éramos los dueños del asfalto
Y en nuestro espacio de interdicción
Apostábamos a Marte y a Leo
O a Venus y la variación de Saturno.
Mi fulana fuiste tú
Y alguien que no me quitaba la vista
De encima, de arriba de los hombros.
Te gustaba llegar con luz de luna
Y siempre me encontrabas feliz
Porque mi tiempo consumía los tiempos
Y la dulzura me sobraba para ti.
En todo momento fue así
Y no te permitía que me perdieras,
Pues eras tan parecida al amor
Y yo nunca antes había visto
La docilidad con que una mujer
Caía tan fácil en la cama que resonaba.
2
Resolución, persecución y reconocimiento
Fueron las sesiones muy originales
De nuestras volteretas ¿o torniquetes?
Nuestras almas danzaban
Y hacíamos asentimientos de las afinidades
Vanas y del mucho mérito
Que creíamos lograr con el sistro
Cuando vibraba sobre tus muslos...
Después la mudanza, lo mustio
Y lágrimas en el portal
Para que la vida no fuera
Tan patética y los deseos
Perduraran bajo su rojiza cubierta.
3
Solías aseverar: “Ahora es nuestro tiempo”
Y yo lo recordaba para confirmar
Que la canción eras tú
Y el chillido de los pájaros enjaulados
Nos importaba un bledo
Y ese estilo kitsch tan tuyo
Que se te subía a los ojos
Como rayos cósmicos o estrellas.
Tu celebridad me confirmó
Lo que desde hace mucho intuía:
Que de tanto cantar baladas
Terminarías por engordar
Y no encontrar acomodo para tu carnosidad.
4
Voté por la felicidad
Y me convertí en soñador
Y supe de la lejía
En el enamoramiento de las once (a.m.).
Veo las fotografías:
¡Qué tristes estamos!
Lo blanco es negro y viceversa
Y no hay más que blufs,
Locura de jarana,
Pasabolas,
Modorra,
De cualquier manera.

5
Allí afuera
Todo está sereno
Y el varón que está
Aquí adentro
Vive su eclipse
Y finge hacer un esbozo
Para que Malva (así se llama)
Pueda ir al oeste
Y perfeccionar su eritrosis.
6
El dolor de cabeza
Comienza desde por la mañana.
¿Por qué el poeta no sabe
Nada del lustre de la vida?
Me niego a ir
Adonde ella cree
Que se encuentra el entonces y el ahora.
Prefiero las rondas de medianoche
Porque mi mente penetra en las calles
Dolidas y grisáceas
Donde el modo sentimental
Se aguanta con sumo desdén.
7
La candela en tu aliento;
Cada respiración en el toque
Que da el mundo
Cuando atraviesa tu puerta.
Detesto la heroicidad y el sacrificio
Y los encadeno a tus preferidas melodías.
Aquí aguardo, recto,
A algo que me debe palpar,
Algo inefable y perenne,
Pues soy su devoto servidor
Y como supongo
Que un beso es como un sello tuyo,
Me quedo sin nada
Y prometo volver ayer.
8
Noche de fragantes flores
Flotando dentro de una jarra.
Tú y yo cuidamos
Nuestra condición de amantes
Y si yo lo recuerdo,
Tú lo sabes decir y cómo.
La ternura se despliega
Mientras las sonrisas
Fuerzan los deseos
Y los sueños del pasado
Gobiernan, aparentemente,
Lo que se encuentra enfrente.
(A veces me da por orar
Y tú te abocas
A aligerar la lluvia
Que señala el tránsito de las diez).
9
Cambian tus ojos siempre
Y transforman el goce del amor
Y rememoras tus maneras de nena
Para que yo me vuelva noche en ti.
Inolvidable la flor de tu ombligo,
Pequeña bestia de belleza inusual
Que desciende hasta mis manos
Al no más sentir la necesidad de mí.
10
Si es que no ganaste
Te ofrezco rosas
Y la voz de Louis Armstrong
Para que tus días sean diferentes
Y te encierres en un divorcio
De repercusión internacional.
Tus raíces se aflojan
Y los gatos aprovechan
Para elucubrar sus cantos
En el pacífico rellano del mediodía.
Yo no puedo ayudarte
Y mezclar la plata de tus cabellos
Con los regalos que recibo
De los solsticios que lloran.
Quisiera que fuésemos
Compañeros en el crimen
De rayar las paredes
Con la desmesura de nuestros coitos
Y así perteneceríamos a perpetuidad
Al asfalto que sabe rodar
Con los días tontos
Que les lanzan desde coches en fuga.






































