
LAS PIEDRAS DE LITIPAMPA
por David Santos Arrieta
Quince años ha que llegué a estos lares. Si hoy hay pocas casas, antes eran menos. Aunque había más niños. Yo llegué a tener veinte. Veinte es lo más que he tenido. Hoy tengo seis.
Como acá es tan solo, no hallaba en qué entretenerme. Los niños después de clases se van a sus casas. Algunos caminan kilómetros, todos los días. Y uno se aburre. Así que escribo. Cuando bajo, los otros profesores me dice: estás loco. Pero yo sé que es la soledad.
Incluso una vez me subí a ese cerro y comencé a rodear el arco del valle. Las pocas casas que se ven, se distancian bastante una de la otra. Acá hay harto espacio. Entonces me dio por caminar y jugar con mis ojos. Buscaba yo juntar en una línea las pocas casas del lugar. Poco a poco las casas, los sitios, los estanques comenzaban a alinearse y pronto la casa de Doña Clotilde y la de Don Tobías, que están a casi doscientos metros de distancias, parecían a mi ojo estar una detrás de la otra. Diez pasos más y se sumaban las casas de los Rojas Tapia y la de los Rojas Araya. La soledad perecía bajo el efecto de estar fuera del camino, una irrealidad. Ya no era un puñado de casas repartidas en el espacio árido de este villorrio, sino un conjunto de casas, ¡parecía pueblo! Y un pueblo ya no es soledad.
Hasta ocho casas recuerdo haber visto como formando una pequeña población. Era una ilusión.
Acá la casa más cercana a la mía se mimetiza con los colores del suelo y se pierde fácilmente el afuerino. Se pierde en un vacío que recuerda a la muerte. Yo no quiero morir acá. Ni solo. Ni loco. Ni siquiera escribiendo. Entonces es que me lanzo a engañar a mi mente con juegos como ese. Para hacerme creer que vivo más, que viajo más, que me muevo, que el tiempo de verdad pasa, y que la vida me traspasa. Que en las casitas estas hay vida ferviente, y no viejos cabreros, viejos huasos que se alistan a morir de sequía, a dejar morir en ellos un Chile que ya no fue.
Menos mal que tengo recuerdos y sueños, e imaginación. Estoy vacunado de poesía y eso debería bastar para sobrevivir.
Un jueves, estaba solo en la escuela, era bien entradita la noche, vinieron dos zorros a danzarme. Estaba sentado mirando el oscuro cerro cuando dos pares de linternas emergen y eran zorros. Ambos me miran. Hacen gestos con la cabeza como preguntando quién diablos soy. No les temí, tampoco hice movimiento alguno. Sólo los miré mientras ambos, como si fueran reflejo uno del otro, hacían pasos coordinados de una danza desconocida. De izquierda a derecha, de derecha a izquierda, girando sobre sí mismos, sentándose en sus ancas. Sin mentirle oiga, estuvieron su media hora así. Y yo, aferrado al silencio y la oscuridad. Ellos sabían que estaba ahí y danzaban.
Al rato partieron veloces cerro arriba, como zorros que eran. Los perdí. De puro instinto me acerqué al lugar donde habían estado. La luna que comenzaba a aparecer detrás del cerro iluminó el lugar. Ahí, donde los zorros posaron sus colas, dos piedras. Dos piedras que quizás estaban ahí hace siglos. Pero que en ese instante me parecieron dos zorros corriendo. Raudamente me metí en la casa, que también es mi escuela, busqué unas temperas y estuve hasta las tres de la mañana mirando las piedras, hasta que las pinté. Logré hacer resaltar de ellas los zorros que veía.
Al otro día casa niño buscó su piedra y pintó lo que veía: casas, vírgenes, el sol, un paisaje, al profesor.
Desde entonces, cada año, todo niño del villorrio pinta piedras que por acá sobran, buscando lo que en ellas se oculta. He visto niños en profundas discusiones sobre lo que se ve. Yo veo un perro, dice uno; no si ahí hay un dinosaurio; no, na’ que ver, es una bruja en noche de San Juan. Han venido apoderados a mostrarme lo que ven en piedras pequeñísimas que luego usan de colgantes. Las piedras muestran hoy lo que antes no.
Cada piedra oculta una forma. Toda piedra muestra algo. Aunque a la verdad, la forma no está en la piedra sino en quién la ve. Sólo enseño el arte de hacer ver a otros, lo que yo vi primero.-






































no hay soledad
Estimado David ese lugar encierra unas bellezas inimaginables ,yo no soy de esa region pero le cuento que cuando fui la primera vez a ese lugar me gusto tanto que la paz que hay alli no esta en otros lugarers he tenido oportunidad de viajar a varios paises de diferentes costumbrwes y geografia y no he encontrado la belleza que hay en litipampale comento un dia conversando con algunos crianseros de caprinos les hice un comentario sobre la manera que ellos crian las cabras que ese sistema es innadecuado que deberian hacerlo de otra forma para poder aprobechar mejor el tiempo los recursos y ademas que las cabras producirian mas leche y de mejor calidad ademas de la calidad de la carne me digeron nosotros siempre lo hemos hecho asi y lo seguiremos haciendo de esta forma la verdad que ese lugar podria revivir si se hicieran de otra manera las cosas UD: mismo que tiene acceso a internet puede ver el ejemplo que acabo de darle vivisando la localidad de villaseca en la cuarta region amigo tire para arriba por lo que ud escrbe noto que es una persona inteligente no se heche a morir me gusdtaria que me escribiera si le fuera posible a mi correo