
LA GRAN LITERATURA JAPONESA
Luis León Barreto
Sorprende por su calidad y expresividad la literatura japonesa. De entrada nos atrapa porque las atmósferas que cultiva son extraordinariamente diferentes a las occidentales. Nos sorprende la mentalidad oriental, ese estoicismo del budismo, esa contención de las emociones, la permanencia de un cierto sentimiento aristocrático de la vida. También pensamos que la cultura de Japón constituye un mundo completo en sí mismo, casi hermético, autosuficiente, que arranca de una rica tradición oral, el teatro, la poesía. La escritura vinculada al rito.
Japón vivió mucho tiempo cultivando el sentimiento expansionista y belicista, la obediencia al emperador-deidad, el orgullo de la pertenencia a una rica herencia cultural aunque en realidad se ha occidentalizado velozmente en las últimas décadas. Se da el contrasentido de que Alemania y Japón, los grandes perdedores de los grandes conflictos, son ahora puntas de lanza en la economía mundial. En este país de alto nivel socioeconómico y de fuertes vivencias espirituales se cultiva una literatura muy actual que asimismo bebe en fuentes milenarias. También en el cine de Japón es fácil contemplar la mirada de gente que se busca entre las ruinas (Kurosawa, Kobayashi, Migozuchi son algunos de los directores más representativos).
El novelista Haruki Murakami es un Premio Nobel más que cantado, y si no fuese Nobel estaríamos en presencia de uno de tantos errores de la Academia de Suecia. La prosa vertiginosa y fluida de este gran novelista (Kafka en la orilla; Al sur de la frontera, al oeste del Sol; Sputnik, mi amor, etc.) hace un retrato feroz de las contradicciones de Japón. Una juventud occidentalizada a toda prisa protagoniza Tokio blues. Norwegian Wood, en Tusquets, pero en ella la música de The Beatles no consigue acallar esa pérdida moral de un país que practicó con entusiasmo el belicismo y que padeció en propias carnes la devastación nuclear de Hiroshima y Nagasaki. En los grandes hombres de letras japoneses subyace la vieja tentación del suicidio (Mishima, Kawabata, Tanizaki).
Estamos ante una literatura sombría, melancólica, angustiada, oscura, que camina paralela a Dostoievski, Faulkner, Scott Fitzgerald, la vieja tragedia humana que viene de Grecia. La depresión reina por las mejores páginas de los grandes autores japoneses, desde Kenzaburo Oé hasta Tanizaki, desde Endo a Abe, y con ello los autores muestran el malestar de un país orgulloso, que ha padecido grandes tragedias en forma de guerras, maremotos, tsunamis gigantescos, y que sin embargo hoy es una sociedad cosmopolita y vigorosa.
Es tal el vigor narrativo de esta literatura, tal su capacidad poética, que nos deslumbra. A través de Yoshimoto y Yoko Ogawa podemos acceder a la propia literatura manga y, sin olvidar una mirada a la tradición milenaria de los haikús, llegamos a la conclusión de que el Japón literario es digno de admiración. Los conflictos humanos -el sexo, el amor, la muerte- en Murakami te atrapan sin piedad. Quizá esa cultura ritual del suicidio tenga una justificación alegre: los japoneses mayoritariamente creen en la reencarnación, siempre queda abierta una segunda oportunidad sobre la Tierra.
Más información de Luis León Barreto en: http://blogdeleonbarreto.blogspot.com/






































Ojo, Murakami nunca ha ganado ...
Ojo, Murakami nunca ha ganado un nobel!!