DE TIEMPOS ALZADOS Y OTROS ANACRONISMOS
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
Mal tiempo cuando se conjugan los cuervos para dejar voluptuosos souvenirs de lo nefasto. Se posan, esquizoides, sobre las ramas de los relojes para proyectar una decoración que pueda satisfacer a los difuntos. Sus aptitudes arden en la oscuridad y a quien tenga suerte le cae una sorpresa sobre la cabeza.
Tiempos compuestos con las fortunas mal habidas y mejor despilfarradas. Lo desapacible se pierde en el infinito y si llueve se sabrá encontrar la liturgia apropiada dentro de la iglesia a conveniencia.
Hipótesis para recorrer la elíptica o las autopistas que se vuelven uves con el movimiento de los uniformes. Desde lo celeste cae un vacío entre dos actividades vitales: el juego y el crimen por encargo.
Cuando un hombre se llama Pascual nace con las instrucciones bajo el brazo: la víspera del domingo debe ayudar a las viudas y a las viejas a fornicar con Dios. Luego él se pierde tras el arrebato de la homilía y gana el Paraíso con poco esfuerzo.
Tiempos que transcurren para que los perros inventen otro gusto para sus huesos y levanten las patas en la primera esquina y suelten sus meados sobre trajes recién salidos de la tintorería.
Tiempos sidéreos o más bien sidosos para que la astronomía de la muerte se allegue a los domicilios donde juegan a los dados con los escrúpulos papales.
Tiempos de los simples, de los tontos del culo, de los ingenuos que maduran uvas. La parcialidad se despeja y únicamente queda el espectáculo de los colmillos con guindajos de carne y pellejos.
Al mismo tiempo se aclaran las maniobras de todos los políticos del mundo y así acuden a sus jornadas laborales con la certidumbre de que la masa confía en su serenidad y en la eternidad de sus funciones.
Abonanzados tiempos de los fabricantes de cronómetros para entretener a los papanatas y para que se levanten temprano a hacer gárgaras de alfileres y entren en las estaciones con promesas de echar las cuentas para atrás.
Tomarse los tiempos para enriquecer los instrumentos del suplicio cotidiano e inventar caricias destinadas a los erizos de feria y a adocenar a los dulcificadores de señales en las alcabalas y en las aduanas.
Al tiempo patearlo desde afuera con botas recién lustradas con betún de tercera. Luego sentir la anualidad como si se tratase de un acontecimiento previamente anunciado en la prensa amarillista. El día menos pensado terminan los plazos y se despejan las incógnitas para continuar viviendo a la antigua usanza.
En un cuarto de hora desnudar los bustos de la mayor cantidad posible de mujeres en un vagón del metro. Después sacar del bolsillo un fusil en miniatura y amenazar con volarle la cabeza al primero que se queje. El séquito de protestantes gritará a intervalos ¡vejación!, ¡vejación!, ¡vejación!, pero ya para entonces los relojes se habrán detenido y vendrá la paralización total.
Los sufijos se comerán los decenarios bajo las irrupciones de las estupideces promovidas desde los gobiernos. La seducción del heroísmo vendrá de la mano del cine y más de un encandilado comprará sus armas de fuego para disparar contra los pichones de gavilán que cantan sobre los tejados con acompañamiento de tambores y guitarras eléctricas. La paz de los sepulcros será el motor que mueva el cúmulo de ganancias de proxenetas, sicarios y señores de la droga.
La canícula se gasta a veces y los millonarios no cesan de sufrir porque no comprenden a cabalidad el fenómeno y su real trascendencia. En las metrópolis se granjean las amistades para controlar la putrefacción y las ansias de los policías por ser los galanes de turno.
Pelando el tiempo se hace más viril y se retuerce menos. Las hartazones se vuelven infatigables y los ambulantes se templan los cuellos como si fuesen a alcanzar las más altas magistraturas. Mañana o el momento menos pensado un camión se mete dentro de nuestro cuarto y nos quita la emoción de seguir sudando las sábanas.
Las ruinas y las cosas del desecho se combinan para que el tiempo se humedezca y tiemble y entonces desde cualquier fecha a la próxima los mudos se encierran a meditar y en sus espaldas les aparecen pequeños puntos de pus producto de la negritud que llevan por dentro. La comunidad de energúmenos empieza a darle largas a los adioses y lo temporal se invierte y les aplasta los sesos por ilusos y por no saber respirar cuando se les ordena.
Durante los intervalos de los allanamientos a los burdeles de ocasión los fiscales de salubridad ocupaban su tiempo en redactar semblanzas de las meretrices para luego vendérselas, por entregas, a las revistas especializadas en esos temas. (A contramarcha suena un teléfono y con posterioridad se anuncian casamientos de las putas con sus protectores y a renglón seguido todo es fiesta y merengues y fin de la interdicción).
A la puesta del sol los quejidos sexuales se incrementaban y no había reproches por ningún lado y las hembras decían ¡sí! Y se atravesaban desnudas en plena plaza y los tonos de los rostros de los comerciantes variaba del gris al pardo y el ruido de una posible catástrofe llegaba hasta las oficinas principales de la Casa de Gobierno y entretanto en la cocina se freían las patatas con aceite reciclado y el humo que salía por las ventanas aludía a los secretos que se cocían bajo las más estrictas normas de higiene.
Los gramáticos tardaron una hora en redactar una escueta carta de protesta dirigida a la sección de censura. De la llegada de la misiva nadie dio cuenta, pero en seguida se operó un cambio en la manera de izar la bandera. Según los esotéricos el futuro comenzaría ahora en julio y el julepe de los jumentos alcanzaría a perturbar el concierto de la docena de moscas que almorzaban cada mediodía en el umbral del lavatorio.
Por lo tanto, al introducir una pieza de gastado tiempo en el interior de un respiradero se podía esperar un disparo de un hombre invisible (no el de la serie televisiva). La rama de una estación transversa se abriría a una época de relajo y la voz del enmendador de errores se haría menos grave y menos convincente.
Cuandoquiera o con anterioridad, se suprimiría la libertad de prensa, de pensamiento y de libre circulación de las ideas. Para eso contamos con el Estado totalitario perfecto que tiene capacidad de elaborar crucigramas y señalar piedras blancas con piedras negras y asegurarse la plena sumisión de los torpes y cuando acabe con la sedición se dedicará a sembrar margaritas al lado de las tumbas de los agentes desconocidos.
Hogañazo de continuo. De antemano y a las mil quinientas. El espíritu de cuerpo es para sacar lecciones al dedillo y difundirlas entre los párvulos de las escuelas especiales donde se aprenden los límites entre el erotismo y la ergástula y las fronteras que median entre una pulsión y su inmediata abstracción física. De hierro o de ladrillo, a fuego o a látigo, la armonía in perpetuum será erigida y por lo tanto debemos sosegarnos para tan magno arribo.
Lo tempestuoso maravilla; lo estorboso atosiga; lo recio persiste. A ratos perdidos el roedor la emprende con mis libros de gastronomía ilustrados y al cabo la vela se extingue debido a la mala calidad de la cera empleada en su confección. ¡Simultaneidad del acoso de la memez! Por venir, llego a vitalicio y no envejezco. Me retrotraigo en lo tardío y el ceremonial emblanquece la bruma que brota de las chimeneas de los ministerios. Por ser prognato manejo la prognosis a sabiendas y con decisión. En cuanto den las doce de la noche me desnudo y orino desde el balcón, a la manera de los antiguos lluviantes.
Solamente a ellas se las paso: aparecerse en mi casa con jabones de antaño. Faltan tres semanas para el jaleo mayor y se persiste en la ñoñez y en la destemplanza. ¿Cuándo habrá algo semejante a un criterio maduro, apartado al máximo del peligro de la putridez? La enorme masa de mariconería se oferta a diez centavos por pieza. ¡Al carajo! Ya es una batalla perdida y los dijes deben lanzarse al retiro y permitir que la memoria regrese por sus fueros o si no las cajas de las crines encontrarán sus métodos de procrearse y llegar a ser manjares para disfrute de los correligionarios con pistolas y birretes.
Hasta la fecha quienes prometían tarugos cumplieron. No así los que anunciaron promiscuidades y se quedaron en el pelero de los salones de belleza. Lo perdurable iba más allá de las efemérides y de los cortes de las tapicerías. Los generales dijeron: posad con caras de cristales; sentaos sobre vidrios; poned los culos contra los muros; feneced, hexagonales; apurad el disparo con revólver para que el tiempo vuelva a ser lo que era...
Corajudamente, descaradamente, con cordeles y pamplinas y un gargajo sobre la piel agrisada. Aguijonear los retrasos, el donjuanismo de los gendarmes, la cabronería de los reclutas hasta la mutación total de los ferrocarriles y barcos en pavesas de cartón con aromas de mierda de infantes como gratificación por los tiempos evadidos y nunca justificados. Amén y polifonías en la cuenta de ahorros.






































