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(Comic - Editorial Cinosargo)

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El Libro de las Revelaciones

por Víctor Munita Fritis

(Poesía -Editorial Cinosargo)


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Necrospectiva Vol.2

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de Pablo Espinoza Bardi

(Relatos -Editorial Cinosargo - Colección Necro-Files)


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Carne

de Daniel Rojas Pachas

(Poesía -Editorial Cinosargo)

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Proyecto Apocalipsis

de Andrés Olave / Eduardo Cuturrufo

(Narrativa -Editorial Cinosargo)

 

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Poemas de Mariela Loza Nieto

Enviado por Cinosargo el 28/08/2010 a las 8:52
Cinosargo

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Espinas de papel amate

 

La obra de creación no es anterior a la sociedad,

 ni la trasciende antidialécticamente,

es el producto de la labor de un creador socialmente determinado.

Roque Dalton

 

…hoy día el complacer gana amigos,

el decir verdades enemigos.

Terencio

Con papel y destreza podría hacer:

una estrella un barquito una guacamaya… un cocodrilo.

 

De papel y ternuras, también se puede:

una carta abrazos que bailen los besos,

zarpazos de nube… un adiós.

 

Con papel, el abecedario y destreza, podría crear:

amores quiméricos, venenos, frustraciones, ofensas;

navajas, anhelos, mezcal, desenfrenos…

arterias secas.

 

Arrumacos de fantasía, pudores sexistas, ombligos, miedos e indecencias.

Cirugías cosméticas, exhibiciones, voyeurismos,

gritos en celo, excelentes rimas, ingenuidades;

pasiones voraces y rasguños embriagantes y deseos reprimidos…

 

Mucho se puede hacer con el papel,

pero, pienso que, si palpita la palabra,

de papel también puede hacerse:

alarido carne historia erotismo sudor;

abrazos y besos y…

 

Ya me dio el golpe… ahora…

¿me dice usted su nombre?

 

¿NO-ES-MÍ-O?

 

¿Eso me increpa usted?

¿No es mío el papel?

¿Y a qué viene el golpe?

¿No le gusta la aridez?

¿Es demasiado kitsch la memoria?

¿Ya sólo hay espacio para el olvido?

¿Sólo cabe el individualismo?

 

¿Cuánta razón tiene?

 

¡Yo estoy de acuerdo!

No es mío el papel,

podría haberse ahorrado el golpe...

 

¿No me dice su nombre?

¿No?

…bueno, pues mire usted…

 

Con odio, y de papel,

el reaccionario hace su disfraz de tigre,

las transnacionales hacen business;

el General estadounidense, arma sus manuales de contrainsurgencia,

la prensa oficialista, mil calumnias.

la inquisidora dicta el auto de formal prisión a la huelguista,

y perversos paranoicos, el plan para inducir un suicidio.

 

De papel,

la soledad inventa orgasmos,

el patriarca, acta de matrimonio y su testamento;

la indiferencia forja su propia tumba;

el olvido decora repeticiones e impunidades sangrientas;

y el silencio se hace cómplice de la insaciable bestia.

 

De papel, el capitalismo hace una alfombra de “libertades estéticas”.

De papel: rapiñas, condenas y leyes.

 

¡Así, no quiero yo el papel!

 

¿Usted qué opina?

¿Del olvido es? ¿De la soledad?

¿De la inquisidora? ¿Del capitalismo?

¿De ellos sí es?

¿Para ellos ningún reclamo?

¿No lanza usted algún leñazo?

 

Definitivamente, el papel, así no es mío,

en eso estoy de acuerdo:

sierras eléctricas acuchillan árboles,

los acarrean a la fábrica,

embuten troncos en la descortezadora,

mezclan el tuétano de la madera con gas cloro,

ese fárrago engendra dioxinas cancerígenas

pero les sirve para eliminar la lignina que lo podría obscurecer,

hacen una pasta, circula por rodillos, lo aplanan…

le roban la humedad.

 

Luego desfila por la máquina del Apartheid:

“blanco puro”, modelo Hitler.

 

Se corta, guarda en paquetes y etiqueta:

Papel Especial, blancura 100%, “high brightness”

Multipropósitos. Tamaño Carta.

 

Ya medido “lo occidental”,

abriéndose paso entre el desnutrido Ejército Industrial de Reserva,

aparece la marca, el lema y la advertencia:

Monopoly paper Worldwide INC. Marca Registrada

“Mantenga este paquete en un lugar seco,

 la humedad lo puede afectar”

 

Y mientras más blanco y brillante deja el papel el gas cloro,

más dioxinas llevan en los tejidos grasos los seres vivos,

y les carcomerán con cáncer el agua, la tierra, el aire… la carne,

por cientos de años, envenenados con “licor negro” los ríos.

 

Y para cuando termina la jornada de trabajo,

la tierra se torna desértica,

los fetos reciben caricias órgano cloradas del vientre materno,

al niño se le derrumba el sistema nervioso central,

la flor pierde sus pétalos,

el pez piedra se ha extinguido…

Y el trabajador y la trabajadora

exprimen los centavos que les escurren del sudor.

 

Cuando la jornada de trabajo ha terminado,

de su médula, quedan despojados el árbol y el ser humano.

¡Secos por dentro!

¡Secos!

Secos y enajenados.

 

Pulpa y plusvalía explotan los “titanes papeleros”.

Proclaman suya la materia prima y las máquinas

y la malbaratada fuerza de trabajo,

proclaman suyo el papel…

¡Proclaman suya, de quien trabaja la vida!

Y a ambos les ponen precio…

 

Para ellas…

¿No hay de su parte siquiera un reclamo?

 

¡Yo estoy de acuerdo!

Así no es mío el papel:

los árboles están acorralados,

a su alrededor se construyen cercos y alambradas,

les galvanizaron las raíces,

“propiedad privada” se anuncia en el portal.

 

Convertidos los eucaliptos en periódico oficialista,

son injurias contra el que nada tiene,

justificaciones para el genocidio,

son cianuro, mentiras, muerte.

 

Compraron la “libertad de prensa”,

y de los pinos hicieron feudo,

dicen que suya es la verdad,

que suyo el papel es…

y a ambos le pusieron precio…

 

A ellos…

¿No les lanza algún escupitajo?

 

El capitalismo regala agonías ególatras,

estéticas libertades y…

 

¿Otro leñazo?

¿Y ahora qué dije?

 

Bueno, eso también lo regala el capitalismo:

su “derecho democrático” a florearme el hocico…

 

Pero no son todas sus misericordias,

en navidad, el capitalismo se pone todavía más dadivoso:

también obsequia tarjetas firmadas por el Fondo Monetario Internacional,

y campañas a favor del reciclaje.

 

Y con tarjetas navideñas reutilizadas se hacen, por ejemplo:

casas junto a las vías de un tren,

el colchón del niño que vive en la calle,

la cobija del indigente,

una bolsa vacía de pan,

actas de defunción,

y una caja que se llena de amarguras.

 

Por cierto, ¿a usted que le regalaron?

¿Nada más?

¡Qué áridos!

¿Les lanzó un escupitajo?

¿También un golpe?

¡Ah… con razón tiene experiencia!

 

Conmigo ya puede írselos ahorrando,

ya le dije, estoy de acuerdo, el papel no es mío.

¡De acuerdo! ¡No es mío el papel!

¡No es mío!

Niñas sustraídas del campo,

¡nunca han sido mi alimento!

Succionando con sus tuercas médulas y alegría,

es el monopolio quien se atarraga de sus desfallecidos cuerpos.

 

Expoliados los bosques,

y su tuétano convertido en Constituciones patrioteras,

entonces son la pulpa de las leyes que organizan el pillaje.

¡No es mío!

 

Expoliados y convertidos en tratados comerciales,

billetes y decretos de sus cacareados “Tres Poderes”,

entonces, así no, así no lo quiero.

¡Así no es mío!

 

De bosques que se usurpan,

y su tuétano emborronado con coartadas asesinas,

justificando los “daños colaterales” que dejan sus imperialistas guerras…

Entonces, ¡no! ¡Así no lo quiero!

¡No es mío el papel!

¡No es mío!

 

¡Cuánta razón tiene usted!

¿No le gustan las arideces?

¡Pudo lanzar el escupitajo para humedecer

 ese rosal que se está secando!

 

¡Mío no es el papel!

¡Tampoco me gustan las arideces!

¡Seco no lo quiero!

Húmedo me gusta: con el corazón dilatado entre sus fibras.

 

¿Para qué soltarme otro leñazo?

 

Ya le dije que no es mío.

Pero… con un trozo de papel hice una cactácea…

¡Mírela!

 

¿No se le hace conocido nada?

¿No los reconoce?

¿No?

¡Son sus golpes!

Los reciclo según sea el caso.

¿Qué tal quedó?

 

No me quiso decir su nombre,

y su golpeteo,

podría confundir a cualquiera…

 

Quizá, sea usted un hermano…

una hermana, tal vez…

si es así,

¡perdóname lo arisca!

pero cuando el dolor contrae la sangre,  

se me vuelven salvajes las caricias.

 

… para ti, si hermana, si hermano eres,

a pesar de los golpes, hice un arco iris…

o, ¿prefieres que haga una gazania africana?

Mira, si le doblamos aquí podríamos hacer una…

 

¿Otro golpe?

¿Y otra vez por la espalda?

Entonces… usted no huele a hermano…

Entonces, ¡no me perdone nada!

Porque es usted un reaccionario rabioso,

de esos que quieren la poesía como propiedad privada.

¡Para usted hice espinas!

¡Y no me perdone nada!

 

¡No me perdone el dolor, ni las flores, ni la esperanza!

¡Ahora sí!

¡Prepare su mejor golpe!

que, según el caso,

de los leñazos se hacen espinas…

o nacen flores.

 

¡Mío no es el papel, estoy de acuerdo!

¡Muera la propiedad privada!

 

Yo sólo comparto desnuda mi palabra,

sea quien sea usted, insisto:

pienso que, si palpita el corazón,

con el arte del papel también puede hacerse…

 

Alarido carne historia erotismo sudor;

besos y puños y abrazos y lenguas y roces de cadera;

ojos desnudos, anémonas marinas,

memoria, respiración…

calor.

 

Osos pajaritos escorpiones alebrijes bailarinas.

 

Si se expande y contrae la palabra,

de papel pueden hacerse también:

pupilas y muslos y escarabajos.

Sonrisas,

manos entretejidas,

girasoles,

miradas ardientes,

barro comunas lagartos.

 

Espinas de papel amate,

flores de cactus,

silencios tiernos,

resistencias descalzas…

 

Con papel y palabra,

también puede hacerse una barricada…

rústica: si el dolor la sangre le contrae;

tibia: cuando húmedo entre sus fibras dilata al corazón.

 

 

 

Mientras me desvanezco

 

Tengo miedo de verte

necesidad de verte

esperanza de verte

desazones de verte

Mario Benedetti

 

 

Entonces todo era diferente:

mis ojos, la desnudez,

los sudores del aire,

la luna menguando,

nuestro silencio…

la madrugada.

 

Prometí no acordarme;

pero mirando por la ranura que deja la venda floja,

en este breve hálito de soledad,

la luna menguando es quien socorre

para tenderle una trampa al dolor,

lo que ayuda a recordar quién soy, quién eres;

a humanizarme… y al desvanecimiento.

 

Entonces, la desnudez era distinta.

Wagner no ocultaba tras sus notas un alarido.

La oscuridad me situaba en tiempo y espacio;

el misterio era regazo, abrigo…

y yo auguraba ansiosa de dónde vendría la caricia.

 

Ahora no es oscuridad ni es misterio:

tinieblas y zozobra es,

y, bajo la capucha, hay que presentir de dónde llegará el siguiente golpe.

 

Todo era diferente.

Entonces, el roce tuyo provocaba vibraciones,

ahora, creerte cerca, consterna.

En aquel momento me estremecía escuchar tu nombre…

hoy, me desvanece.

 

Aquí no te quiero.

Aquí no.

 

Porque aquí no es desnudez sino despojo,

es el desgarre y grito.

La intimidación.

Los orines en la cara,

insultos, fracturas.

Ácido en los ojos.

Los riñones explotados a golpes,

cerebro suspendido,

una mordaza escaldando la boca…

El suplicio que arquea cuerpos.

Lamentos ajenos, heridas propias.

La picana.

 

¡Aquí no!

Porque aquí no es tu voz y no es mi nombre.

Un número me asignaron…

y cuando lo escucho,

sé que es mi turno en el cuarto de tortura.

 

Aquí la paradoja:

Está una muerta y duele la carne como si estuviera viva.

Se recuerda una para no acordarse.

La soledad temprana se convierte en coraza infranqueable,

en ventaja única: en fortaleza contra las debilidades.

 

Y entre lo irreconocible:

la cara desfigurada y el cuerpo famélico y roto…

tiene uno que explorar profundo, y reconocerse.

 

Abren la reja de metal.

Su sonido es la amenaza.

¿De quién el turno?

 

Examino las botas:

el especialista de la picana eléctrica.

Él se cree un heroico patriota,

está convencido de que es buen cristiano:

se jacta de rezar todas las noches por la salud de Videla.

Repite constantemente: “separar la hierba mala del trigal;

separar la hierba mala del trigal…”

mientras me quema el abdomen con su cigarro.

Luego se va.

Otro llega.

 

Asegura que no le gusta lo que me ocurre…

Propone terminar todo:

mi desaparición, el encierro, la tortura…

 

Pero, para eso, tendría que ayudarlo un poco,

diciéndole, por ejemplo,

dónde se esconden los exiliados chilenos…

o el mecánico y la maestra,

quién y dónde el que escribió los versos…

De mí no sospechan, sino de ti,

les resulta increíble que los haya escrito una mujer.

 

Me pregunta si no me gustaría casarme,

un par de niños… un hogar…

 

“Mírate aquí, tan joven y como una piltrafa…

 y ese ‘bicho colorado’ – ¡además extranjero! –

 de ti ni se acuerda, estará fornicando con otra…

¡Habla! Aún puedes recuperar todo lo que perdiste…

 

¡Todo, hasta las cosas más simples!

Te gusta caminar de noche… ¡lo hacías muy seguido!

¿no lo deseas?

 

Si confiesas podrías… no como antes claro…

¡no como vergüenza social!

no a poner en peligro la paz del país,

ni a envolverte en acciones sediciosas,

ni a repartir papeletas…

¡Tus pasos tendrían que ser dis-tin-tos! ¡Muy distintos!

 

…Te quiero ayudar… personalmente no tengo nada contra ti,

 al contrario…  juraría que fueron las malas influencias…

 tal vez si hubieras tenido un padre, una madre, hermanos…

 no sé…  ¡alguien que te aconsejara!

 

…De eso se aprovechó ¿verdad?

De que estabas completamente sola.

¡Ay, mujeres, mujeres, cualquier trovadorcillo arrabalero las enloquece!

 

…Pero puedes enmendar tus errores,

casarte – con un amante de la patria eh –,

pasarnos información de cuando en cuando,

¡contribuir al Proceso de Reorganización Nacional!

…Formar una familia, conseguir nuevos amigos,

gente decente por supuesto…

En mí, por ejemplo, podrías tener uno…

si comenzamos claro, por ser colaboradores de trabajo...”

 

Vomité. El otro vuelve.

 

Trajo vino y festejaron la inauguración de su “nueva casa”,

se oía el choque de copas mientras me amarraban para empezar la tortura…

Brindan por el que era mi departamento:

ahora es de él.

 

El “estercolero de libros” que había ahí

– y que ya carbonizó, aclara –,

lo terminaron de convencer:

está seguro que en mis entrañas nace la subversión…

y ha traído ratones para carcomerlas.

“Van a matar el cáncer del marxismo que traes adentro”

 

¡Y se me ahogan en horror los caminos de arterias!

¡No lo soporto!

¡Qué paren!

 

En un instante de lucidez, jerarquizo información:

me preguntan por mis cómplices…

y lloro, y me desmayo...

Me despiertan, vuelven a preguntar,

y sigo llorando y me vuelvo a desmayar…

 

El manual que Kissinger les preparó no sirve para entender esto.

Tampoco el entrenamiento que durante años

recibieron en la Escuela de las Américas.

No comprenden que estoy confesando.

Aquí esos son mis cómplices:

Mi soledad temprana, las lágrimas, el desmayo.

 

Ni siquiera el sacerdote que los acompaña lo deduce.

Recrimina:

 

“Has sido contaminación, vergüenza, enfermedad social…

 ¡Arrepiéntete!

¡Aún puedes salvarte de la excomunión!

 

¡Confiesa!

¿Inmolarse así por una escoria?

¿Quieres condenarte más?

¡Dilo ya por todos los Santos!”

 

Y otra vez la electricidad, y me convulsiono.

Y otra vez tu nombre… y me desvanezco.

 

Desperté por los gritos de una obrera recién “chupada”

 – así le llaman aquí a la desaparición forzada, al secuestro –.

Estaba nuevamente con el que hace proposiciones.

 

Ahora me presume un libro de versos:

“¿Te gusta? ¿Tú estudias literatura, no?”

 

Dice que va a leer la nota principal de un periódico:

 

“Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo,

que salvó al país de la ignominia,

y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado

las responsabilidades del gobierno.

Yo nunca he sabido gobernar mi vida,

menos podría gobernar un país”.1

 

Me da golpecitos con un dedo en la frente,

y remacha cerca del oído:

 

“Jor-ge-Luis-Bor-ges habla sobre el General Rafael Videla.

 

¿Qué necesitas para entender

que estás del lado equivocado?”

 

 Luego lee otras palabras y suspira…

 

“¡Ah, el excelso Borges!

Majestuoso, ¿no crees?

¡Esto sí que es poesía!

 

…Habla ahora…

 por el momento…

puedo dejarte el libro, cambiarte de celda,

arreglar que te den buena comida...

podrás ducharte – sin que te espíen –

y no habrá más ratones ni picana…

luego, otra vez a la calle…

 

¿Qué tal otra casa? ¡Una más grande!

– la puedes elegir antes de que ´chupemos´ a los dueños –

Te gusta acostarte en el pasto…

podríamos darte una que tuviera un hermoso jardín.

 

…Dime bonita:

¿Dónde está la sabandija que se cree poeta?”

 

Vomité. Endurece el tono.

 

“Es tu última oportunidad…

¿Quieres el libro de Borges o quedarte aquí,

a lamerle el culo hasta a Massera?”

 

Volví a vomitar.

 

En mi cuerpo nos castigan la esperanza a todos.

Hasta el aire es pestilente ultraje,

el terror todo lo desnaturaliza:

convierte la sexualidad en tragedia.

Violan el cuerpo para erosionar el sueño que lo habita;

en la posesión, pretenden vulnerar,

humillar el canto de la utopía nuestra.

 

Aquí es sólo eso: una posesión.

Me dijeron entre risas:

“Ya que no te gusta la propiedad privada,

 aquí, vas a ser de todos…” 

 

Arrancan la ropa entre insultos y siguen el escarnio…

esas manos queman, dan nauseas…

su jadeo es como gangrena.

Y se sacian. 

Y la impotencia y una repugnancia insoportable…

Y otra vez vomitas, y otra vez te cuecen a patadas

mientras entre risas repiten:

“…vamos a ver si siguen escribiendo panfletos,

ahora que las ´socializadas´ son sus perras…”

 

No es sólo la embestida de testosterona hambrienta,

quieren extender el ultraje,

hacerlo más colectivo de lo que multitudinario es;

llevarlo más allá de las membranas:

destriparle el corazón a nuestros pasos.

 

 “Nosotros somos Dios” taladran al oído.

Los alardes confirman: aquí es el infierno.

 

Por eso, escucho tu nombre y me desvanezco.

Lo decidí mientras me trasladaban por aquella carretera,

y cuando atrancaron las puertas de la ESMA

y arrojaron la primera orden:

¡Levántate perra…avanza!

Con los pasos que caminamos la luna,

hice a la lengua un sortilegio.

 

Abrieron la reja de metal.

Tras, tras, tras…

Pasan de largo…

Se la llevan.

 

La secuestraron junto a su esposo,

para que el padre de él se entregara.

 

Del pan que a veces le avientan,

guardó un poco y lo acercaba con sus pies a mi boca…

se dieron cuenta.

 

Nos maniataron a un tubo en el techo,

así pasamos toda la noche,

bajo la llovizna que se alucina afuera,

pero que no calma esta sed.

 

Aquí, un pedazo enmohecido de pan

y una gotita de agua, es manjar prohibido.

Para ella, terminó ese escarmiento

cuando el vientre se le dilató y contrajo.

 

Su hijo nació aquí…

y se escuchaba el llanto del niño recién parido,

y los alaridos tortuosos de su papá.

Y lloraban la madre y el niño…

se lo arrancaron de las entrañas aún sangrantes,

y les imploraba ¡por Dios! que no se lo quitaran;

le escupieron otra vez: “Dios,  somos nosotros”.

 

No sé que fue del bebé,

tal vez nadie sepa nunca...

 

Ella todavía pregunta, implora, ruega…

a pesar de conocer la respuesta:

una patada en el vientre.

 

Nunca los habíamos escuchado suplicar…

sólo entonces, por su hijo…

y cuando oigo sus lamentos,

quisiera compartirles mi coraza,

mi ventaja única y fortaleza:

la soledad temprana;

esa seguridad de que no pueden

extender el tormento más allá de mi carne.

 

¡Aquí no te quiero!

Nada es igual.

Nada.

 

La luna está menguando,

como aquella madrugada.

Todo era distinto entonces:

la desnudez, la música, el frío, mi historia.

 

Entonces era ser humano…

mujer y compañera…

aquí, en el “chupadero”, me dicen la 609…

o la “puta del tupamaro”,

como me llama el médico encargado de  revivirme,

después de la sesión con el verdugo.

 

Mientras me torturan sólo deseo la muerte:

que la picana atraviese el útero, llegue al corazón,

lo queme y detenga para siempre;

que los pulmones no soporten más el agua fétida del “submarino”;

que el desmayo sea cómplice eterno,

o me apliquen la Ley Fuga,

o sus técnicas de reavivamiento ya no les sirvan…

o que cumplan su amenaza y me arrojen viva al mar.

 

Otras veces, como hoy,

cuando por la rendija aparece luz de luna,

quisiera una flor de amaranto:

ser una hembra yaguareté rugiendo solitaria en la montaña,

penetrar de una gruta los entresijos…

zambullirme en un hontanar de la tierra.

O encaramarme por la corteza de un árbol,

y existir ahí, de noche, sigilosa, agazapada.

 

Tal vez mariposa diurna con el arco iris dilatado en las alas;

quizá libélula, una hembra colibrí;

revolotear serena en un pleamar de flores,

o, mejor aún, arrullarme en la bandada rumbo al piélago.

 

O salamandra…

y reptar en la libídine senda que me abrió tu cuerpo:

que tus humedades sofocaran las heridas.

 

Bosquejarte con la lengua, allende el vientre,

la pasión subterránea que entrelazan los dedos,

amartelarnos en el vaivén de mis cavernas,

y mientras me exploras, escuchar, con esa terneza tuya, mi nombre…

 

Y entonces recuerdo las hendiduras…tu respiración…

el hechizo placentero…

Carne y sangre y corazón y fuego…

y en la seducción, enredarle las piernas a la utopía posible,

a lo cardinal, a lo primero…

 

Pero en el cuarto del martirio,

son los pasos que caminamos la luna,

quienes me ayudan a no acordarme:

ni del tango de Discépolo que tanto nos gustaba,

ni  de nosotros el lugar secreto,

ni de tus manos y sus actividades,

ni de la madrugada y nuestra danza…

 

La reja de metal se abre de nuevo.

Se acercan.

Tras, tras, tras, tras…

Ahora vienen por mí.

 

Y otra vez, en mi cuerpo, nos castigan la esperanza a todos.

 

Y el dolor perfora la carne.

¡Qué me desmiembren de una vez!

¡Qué esta hemorragia ahogue!

 

Y se me crispan las venas,

y me retuerzo

y lloro…

 

Y el sortilegio en la lengua…

¡Vete!

Los glaciares que un día te dieron calor,

ya no pueden más besarte:

con un nuevo exilio tendrás que intimar,

botas militares están violentando la Tierra del Fuego.

 

¡Escala el viento blanco del Aconcagua!

Emparejar tu sombra con el ombú no es ya suficiente,

¡vete!

 

Atraviesa Chile,

bordea por los ríos su delgadez,

esquiva en su angostura a la caravana de muerte,

explora entre el frío y los guijarros andinos,

donde las bestias de Pinochet no te desgarren…

 

A Uruguay no regreses,

aunque sea nostalgia de bosque ribereño tu aliento.

Versifícale la sangre a sus moreras, a una acacia…

a la travesía subterránea de aguas dulces, y vete.

 

Incluso en el llanto y la nostalgia,

que los pasos que caminamos la luna no detengan su silenciosa marcha.

 

Trepa un mangle, ocúltate en la hojarasca,

disimula tu rostro en la marisma.

No interrumpas la marcha en Paraguay:

Stroessner Matiauda ahí acecha.

Busca la fraternidad del desposeído,

por las colinas boscosas del guaraní.

¡Y vete!

 

Cuando pases por Brasil no te quedes en la ciudad.

Los dictadores andan a la caza...

Sumérgete en la selva,

que te abrace la solidaridad del caimán.

 

¡Más lejos! Camina. ¡Más!

 

Deslízate en silencio por Bolivia:

Banzer le está despellejando el cielo.

¡Elude la emboscada militar!

Que tu refugio sea el colorido del paraba,

de la vicuña el pelaje,

la quena de un minero.

 

Y si paras en Venezuela, Colombia o el Perú,

¡cuidado con sus cancerberos!

 

Explora como un camaleón los barrios,

ampárate monte abajo, donde de amores y amigos se sabe.

Guarda al corazón en el serpenteo de la yarará,

en un coral, guárdalo.

 

Por las enramadas del yaguar obsidiana anda.

Transfórmate en bambú,

se ébano, se quetzal.

 

Del que nada tiene busca la querencia,

llega donde el lagarto enchaquirado y la serpiente cascabel,

aparéjate con el despojado de la tierra.

 

Ve por desiertos de hielo,

arrecifes y cañadas y bahías y volcanes,

mójate en una ciénega,

a la noche desanúdale el cabello.

 

¡Pero nunca, nunca te atajes cerca del Pentágono!

Ese es el bastión, el origen,

el núcleo pútrido de esta bestia:

descorazonaron a un ave,

usurparon su nombre,

le robaron el vuelo.

Del Terrorismo de Estado han

hecho una confabulación internacional.

“Operación Cóndor” la llamaron.

¡Vete lejos! Que no te alcancen sus garfios…

¡Qué no te despedacen!

 

Llévate en la médula lo que somos:

Los pasos que caminamos la luna.

¡Y alégrate amor!

¡Qué en tu piel se alojó nuestra sonrisa!

Reaparécenos como un florilegio de poesía en el rostro. 

 

¡Alégrate, amor, baila!

Nuestro canto será milonga, será candombe,

verso libre sin firma ostentosa.

Eco de timbal, de guitarra las cuerdas, un romance.

Resonancia de caracol será de nosotros el canto.

 

Siémbralo contigo en la tierra.

Y luego florezcan, retornen nuestra silueta en la esperanza.

 

Siémbrate en la tierra como cigarra.

Y luego brota, regresa y canta.

 

Vete, amor, mientras me desvanezco.

 

1. El 19 de mayo de 1977 Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Horacio Cerratti almorzaron con Rafael Videla, al salir fueron entrevistados por periodistas, en esa entrevista hizo la declaración, fue publicada por diversos periódicos de la época. Citado en www.lapatriagrande.com.ar, consultado 17 septiembre de 2007.

 

 

 

 

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mi alimento de hoy es la mariela

Enviado por el 28/08/2010 a las 11:20
dorado

Otra cosa puedo decir?:        ! que viva mariela!

su poesia me sube a los tejados y me baja de las nubes.

igualmentre disfruto tu poesia, como  perplejo en un lugar intimo de dolor.

casi me paraliza asistir a  lo mejor de la humanidad (poema) en el relato del

horror del hombre. salud salud salud a ti.



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