Apoya a la revista y editorial Cinosargo con un donativo vía paypal

Síguenos en Twitter

Web de Cinosargo Ediciones

logosargooooedic.jpg

Página web de Cinosargo Ediciones

LIBROS IMPRESOS DE CINOSARGO (17 libros a la fecha)

Dibujo1SARGO_VENTAS.jpg

Cinosargo Editorial

¿Dónde adquirir nuestros libros?

Descargar el catálogo de la editorial en pdf

EN ARICA, EN LIBRERIA CINOSARGO

GALERIA SAN MARCOS, MAIPU 115 - LOCAL 17

PEDIDOS DIRECTOS A LA EDITORIAL Y ENVÍOS DESDE REGIÓN O EL EXTRANJERO CONSULTAR A:

CARROLLERA@HOTMAIL.COM O AL CELULAR: 0056-9- 98566401


en Santiago estamos en Ciudad Letrada, Estrofas del sur, Librerías Fariña, Librería Cuarto Propio y Metales Pesados.

y en Lima, en librería Inestable en la calle Porta de Miraflores, signado con el número 185-B, donde atiende de 2:00 a 7:00 pm.


Desde el extranjero y a todo Chile vía internet, en buscalibros.cl

Novela Negra de Juan Podestá Barnao
El libro de las revelaciones de Víctor Munita
Carne de Daniel Rojas Pachas

Proyecto Apocalipsis de Andrés Olava * Eduardo Cuturrufo

Nómada de Eduardo Rojas Pachas * Esteban Morales

Gorakhnath de Joel Vril

La Maldición de los Whateley´s de Pablo Espinoza Bardi

Raíz de Uno de Fernando Rivera Lutz
Descargar el catálogo de la editorial en pdf


Descargar el catálogo de la editorial en pdf

Nomada_1.jpg

Nómada

Antología Gráfica del cuento Chileno

del siglo XX

(Comic - Editorial Cinosargo)

1298644364393-Documento-1-p_gina1.jpeg

El Libro de las Revelaciones

por Víctor Munita Fritis

(Poesía -Editorial Cinosargo)


13-5-2011_17.5.5_1.jpg

Necrospectiva Vol.2

"Cuentos de Gore, de locura y de muerte"

de Pablo Espinoza Bardi

(Relatos -Editorial Cinosargo - Colección Necro-Files)


8-6-2011_20.6.5_1.jpg

Carne

de Daniel Rojas Pachas

(Poesía -Editorial Cinosargo)

279614_2062251109923_1054076434_32302116_3252942_o.jpg

Proyecto Apocalipsis

de Andrés Olave / Eduardo Cuturrufo

(Narrativa -Editorial Cinosargo)

 

Descargar el catálogo de la editorial en pdf

averigua más de nuestra editorial en www.cinosargo.com

 



EL ACANTILADO DE LIMERICK [Escrito por Yurena González Herrera]

Enviado por Cinosargo el 30/06/2010 a las 20:47
Cinosargo

bunratty_castle_s.jpg

 

                                           EL ACANTILADO DE LIMERICK

 

                                                      por Yurena González Herrera

Asomó en el horizonte una fría mañana de invierno, el tiempo en el pueblo estaba inmóvil y sólo se observaba en las calles el hielo abandonado por la madrugada, que se iba a dormir a regañadientes.

La pequeña población irlandesa del condado de Limerick, se desperezaba de la larga noche de nieve y vientos que habían azotado las ventanas de las humildes casas de los granjeros que, temerosos de la suerte de sus animales y cosechas, no habían pegado ojo en toda la noche. Los niños descansaban en sus cálidas camas, compartidas con la prole completa para así conservar el calor y no contraer ninguna enfermedad, dado que el frío calaba ante cualquier descuido.

Pero no sería un gallo de corral quien despertara a la servidumbre del castillo de San Juan, sino el grito de la joven ama del lugar, la condesa Mary Stanton de Carleton, que acababa de desmayarse ante el cuerpo sin vida de su esposo, Lord James Carleton, anciano y enfermo paciente que no había esperado un fin tan poco considerado para con su persona.

En los alrededores del castillo corría  un sereno arroyo, y un bosque que se dejaba arrullar por este,  un bosque escenario de inverosímiles fábulas que franqueaba el paso hacia los acantilados. Dicho lugar no era vasto en extensión, pero los rumores de aquellos que habían circulado por él, cuando en alguna ocasión perdieron la noción del tiempo recogiendo leña, decían que parecía un laberinto que cercaba a sus visitantes conforme las horas de la tarde pasaban.

Era pues el lugar perfecto para desterrarse cuando lo que se buscaba era la única compañía de la propia sombra, aunque el señor del castillo no confiase ya ni en la suya propia, las fiebres y la desidia en que había desembocado su enfermedad, le empujaban a buscar desesperadamente la soledad.

Hacía semanas ya que el anciano había tomado por costumbre responderse a sí mismo en interminables diálogos a solas, en los que se contrariaba en repetidas ocasiones, diálogos que siempre concluían con una certera frase a la cual seguía un no menos aterrador silencio; estos largos monólogos eran escuchados por los criados tras la puerta de los aposentos, presas del pánico más absoluto. Ello se debía a que la condesa había ordenado vigilar al señor, ya que sospechaba la cercana muerte de este tanto como la ausencia de un testamento que la situara en una posición desahogada de por vida. Estos aterradores pensamientos la paralizaban, puesto que sus familiares más próximos vivían lejos y no estaba dispuesta a marchitarse entre las gélidas paredes del centenario castillo con sus arcas más vacías que su lecho.

Del mismo modo que los largos paseos del conde a media tarde no eran un secreto, tampoco pasaba desapercibido para la servidumbre, que el clima frío de la zona no tardaría en dar un certero fin al anciano, puesto que conforme avanzaba el invierno, las últimas horas de la tarde se tornaban insoportables lejos del acogedor fuego de los hogares.

Fue uno de esos largos y penosos paseos, el que atrajo la curiosidad de uno de los sirvientes, el joven Duncan, que había llegado hacía poco a la finca para trabajar en las caballerizas, si bien el conde ya no solía montar tan a menudo como antaño, sí exigía un escrupuloso cuidado de sus magníficos ejemplares.

Aquella tarde, y mientras el joven cepillaba los cabellos de un recio pura sangre, observó el modo en que el anciano se dirigía hacia el bosque, parecía estar como hechizado, como si siguiera a alguien a través de un camino conocido de antemano que no le requiriese el más mínimo esfuerzo recorrer. Fue esta inesperada agilidad en el sexagenario, lo que atrajo la curiosidad del joven, que lo siguió tan encantado como lo estuviera el conde.

Tras alejarse de los frondosos jardines que rodeaban el castillo y franqueaban el sendero hacia el bosque, el anciano comenzó a hablar consigo mismo en un tono cada vez más hilarante, puesto que en su monólogo se mezclaban el terror y un tono de autoridad que inquietó al joven sobremanera, que sintió de pronto un miedo aún mayor cuando advirtió que se encontraba en lo más profundo del bosque encantado, rodeado de susurros y extrañas sombras.

Los pasos del conde pronto pasaron de la agilidad a la pesadez más absoluta debido a la debilidad de sus ancianos huesos, que no resistirían mucho tiempo el frío de aquellos lugares, aunque este detalle no le detuvo en su peregrinar por el inhóspito lugar.

El joven Duncan observaba con atención al anciano, si bien no perdía de vista el sendero hacia el castillo, pues no conocía aún la zona, ya que la mayor parte del día la dedicaba a sus quehaceres en las caballerizas o en el pueblo, con las jóvenes interesadas en el joven forastero.

Habían pasado ya varias horas caminando por el bosque, cuando el anciano se detuvo cerca del río, el río Shannon, tan hermoso que era casi imposible no dejarse arrullar por su sonido y sus fantásticas vistas, era un lugar digno de ser visitado, puesto que no había en el condado otro con mayor encanto que aquel cálido rincón.

Pero conforme las horas pasaron y el anciano advertía que su cita no aparecía, su ánimo se tornó triste y agraviado. Fue entonces cuando se giró instintivamente sobre sus espaldas y vio la figura del sirviente a unos cuantos  pasos de distancia, por lo que preguntó al joven:

-                 ¿Sabe usted quién soy, joven?

-                 Por supuesto, señor, lamento haberle seguido, señor, yo…

-                 No, apuesto a que no lo lamenta, diría que es usted un joven bastante osado.

Pero en lugar de recibir respuesta del joven, el anciano observó de pronto en este una expresión de sorpresa aún mayor que la que experimentara cuando fue descubierto por él.

Entonces lo supo: su cita había aparecido. Se giró, y entonces la vio.

Los largos cabellos de la mujer se deslizaban por sus caderas como lo había hecho el anciano por el bosque horas antes, y su piel relucía como si se encontraran en la hora sin sombra, brillaba como si ella misma fuera luz.

Ante esta imagen que mantuvo al joven absorto durante unos minutos, sorprendido y en silencio, el anciano pareció sentirse muy cansado, y resolvió sentarse en la orilla del río, entre la  maleza que le protegiera del gélido suelo.

En cuanto el sirviente se recuperó del susto inicial, resolvió dejar al anciano solo ante la imagen objeto de su pavor, puesto que enseguida entendió que los rumores y temores de la población del lugar eran ciertos, ya que acaba de ver aparecer a una mujer saliendo del río, con los cabellos mojados, el pelo sucio y las ropas raídas; la imagen le hizo pensar en alguna bruja que tuviese algún trato con el anciano, por lo que resolvió dejarlos en paz tratando sus asuntos, mientras, él correría por el bosque en dirección al castillo para no decir palabra de lo que había visto, pues en más de una ocasión, entre pintas de cerveza y alguna que otra mirada con las jóvenes del lugar, se había burlado de aquellas leyendas, cuentos de viejas para asustar y alejar a los niños del bosque. Sin duda, su juventud le había jugado una mala pasada.

Conforme pasaba la tarde, la joven condesa, que se aburría cada día más desde que las visitas a la capital se habían ido espaciando debido a la salud de su esposo, llamó a su sirvienta de mayor confianza para que le informara sobre la salud de este, y sobre las extrañas conversaciones a solas que habían ido en aumento hacía tiempo. La joven, que dudó durante unos segundos, comenzó con un tono de gravedad, el relato de los últimos acontecimientos:

-Verá señora, no es sólo el tiempo que pasa sólo, es el ambiente que hay en su habitación, cuando el señor la abandona y entro en ella para limpiar y ordenar, es como si hubiera terminado una acalorada discusión, el ambiente está cargado y parece que más de una persona haya estado en ella. Es muy extraño, si me permite, señora.

- ¿Está segura de que no recibe visitas que desconozco, alguien nuevo?

-La única visita que recibe regularmente es la del médico, señora, el Doctor Stevenson, como usted sabe.

-¿Recibe alguna vez correspondencia de su abogado? No tengo noticia de que lo haya hecho.

-No señora, hace meses que no recibe correspondencia de ese tipo.

-Muy bien, Emily, puede retirarse.

-Gracias señora. Permiso, señora.

En cuanto la sirvienta desapareció por la puerta, la condesa volvió a sus cavilaciones: este tipo de interrogatorios se habían incrementado con los meses, y la sumían en una suerte de sospechas e intranquilidad que iban a más con cada noche en vela que pasaba el anciano, entre su insistente tos y escalofríos, que no cesaban hasta el amanecer.

Lejos quedaba ya en su memoria, la época en que conoció al conde, un hombre ya entrado en años, que no se dejaba amilanar por ningún joven, aunque este fuera más atractivo o fuerte que él, tal vez fuera esta la razón de que Mary, que había nacido en una familia acomodada pero sin lujos, aceptara casarse con un hombre mayor, con edad para ser su padre…o tal vez fueran los títulos que ostentaba su pretendiente, en realidad nunca tuvo tiempo de planteárselo, si bien consiguieron con el tiempo, ser una matrimonio bien visto  que lograba soportarse mutuamente.

Recordó su juventud y su matrimonio y de pronto se sintió muy mayor, se observó en un espejo y advirtió que los años no sólo habían pasado para su esposo, y que ella misma, ¡ella misma!, no había escapado a los estragos de la infelicidad.

Y así pasó la tarde, recordando y mortificando su conciencia, de cómo habían influido en su vida sus decisiones, pareciera incluso que estaba quedando en paz consigo misma.

En estos pensamientos se encontraba la condesa cuando advirtió que la luz del día había sido sustituida por la de las candelas, los sirvientes estaban a punto de servir la cena y ya la casa se transformaba con la nueva iluminación, se encendían más fuegos para combatir el aire frío que se colaba por los rincones y se encendió también  el del salón, donde los señores solían cenar, pero la condesa tuvo entonces un mal presentimiento, un mal estar que no supo tranquilizar con vanas excusas que engañaran a su mente.

Al otro lado de la oscuridad de la noche, en medio del bosque y junto al río, el anciano se encontraba absorto en sus cavilaciones, se había quedado solo con sus pensamientos y con la suave nieve que comenzó a caer, tras la marcha de su misteriosa cita, que había desaparecido con tanta prisa como vino.

Su mente estaba embotada, no dejaban de cruzarse en su cabeza los más diversos y dispares sentimientos: culpa, vergüenza, ira,….

- No quiero hacerlo, no lo haré- dijo en voz alta. No quiero elegir ni tomar decisión alguna. No tengo por qué, ella no puede obligarme.

-Sí que puedo, bien lo sabes- se respondía a sí mismo.

El anciano se sorprendió preguntándose desde qué lugar de sí mismo había salido tal suposición y, acongojado, concluyó la conversación. Se hizo el silencio más absoluto en aquellos lugares ocultos del bosque. Y el anciano se incorporó.

La vuelta al castillo fue muy penosa, las temperaturas habían descendido drásticamente y el viento helado no dejaba avanzar al anciano con la prontitud que requería el largo trecho que le quedaba por andar. Aún así, consiguió acceder al jardín y resolvió descansar allí unos minutos y recuperar el aliento antes de entrar.

Durante esos minutos en que se fue recobrando del esfuerzo, recordó la época en que había sido joven, en que los pesares que actualmente oscurecían sus últimos días estaban ocultos en su futuro. Fue la época en que se enamoró por primera vez la que vino a su mente, la joven que había conocido tiempo atrás y a la que le era imposible olvidar. Claro está, la posición social de ella no le permitía mostrar sus intenciones como él hubiera deseado, pero esto nunca fue impedimento para que ambos siguieran adelante con su relación, que era un secreto a voces. Su padre,  Lord Thomas Carleton, jamás hubiera permitido tal unión, y de hecho no la bendijo ni perdonó a su primogénito cuando este contrajo nupcias con la joven, lo único que pudo hacer para que sus títulos no cayeran en el olvido y su nombre se perdiera, fue ignorar a su hijo de por vida, si bien la herencia del mismo no sería modificada.

Fue una época muy hermosa para el joven James, su esposa era joven, bella y muy respetada entre los lugareños del condado. Pero su carácter no era tan  suave como sus facciones, y en alguna que otra ocasión el matrimonio se había enfrascado en discusiones que concluían con días de silencio e indiferencia mutua.

Fue durante uno de estos días de sigiloso y latente odio hacia su esposo, en que Fiona se fijó en que su soledad voluntaria no había pasado desapercibida a un joven sirviente del castillo: Declan Stone era todo lo que su esposo no era: vivaz, comprensivo, hablador,…todo lo que ella necesitaba cuando aún no confiaba en ninguna sirvienta del castillo, que podía estar vigilándola para informar a su esposo de sus idas y venidas.

De aquellas conversaciones entre una condesa y un sirviente, de las que el conde no tardó en tener noticias, nacieron unos celos cada vez más enfermizos, que empezaron a inquietarle, no tanto porque pudieran ser ciertos, si no porque no sabía con certeza qué podría llegar a ocurrir si lo fuesen.

En estos pensamientos se encontraba el anciano, cuando un sirviente lo vio sentado ante el castillo, en un recodo del jardín, el anciano se dejó guiar hasta la casa y supo por este criado, que su esposa se encontraba preocupada por su tardanza. El anciano se dirigió entonces a la estancia donde su esposa le esperaba impaciente y comenzó a cenar, ante la mirada de estupor de la condesa.

Tras un silencio eterno, ella preguntó:

-                 ¿No crees que me debes alguna explicación de tus salidas y esos extraños paseos al río?

-                 Querida, mis paseos y salidas son asunto mío, sólo mío.

-                 Pasas muchas horas en ese bosque, tu salud empeora por momentos y no te dejas cuidar, no entiendo tu actitud. Algo pasa y no me lo quieres contar. No te entiendo en absoluto.

-                 No tienes que entender nada.

-                 Muy bien.

Cuando hubo terminado la tensa cena, ambos se retiraron a sus habitaciones sin ningún tipo de despedida.

El anciano se dispuso a darse un baño antes de irse a descansar del largo día, y ordenó que calentaran agua, mientras, a su mente volvió el recuerdo de su primera esposa y de aquellos largos días de angustia, tras descubrir que su esposa solía montar a caballo acompañada del criado Declan, cuando creían no ser observados.

Aquella noche cuando ella volvió al castillo, estaba radiante, y él, roído por los celos más angustiosos  y una ira que jamás había sentido, la vio llegar. Para entonces ya había decidido concluir su matrimonio.

Mientras un sirviente le ayudó a meterse en la bañera, el anciano pudo ver cómo entre el vapor que llenaba la habitación, se dibujaban unas formas femeninas que le eran muy familiares: supo entonces quién le acechaba y ordenó que le dejaran solo; cuando el vapor tomó una forma definida, se sobresaltó y cayó al suelo, quedó desvalido y a expensas del fantasma que tantas noches le había acechado, que le atormentaba sin descanso.

 

-                 Debes tomar una decisión, “querido”- susurró ella con una sonrisa sibilina.

-                 No puedes obligarme a nada, soy Lord James Carleton, de la más alta nobleza de Irlanda, y tú sólo una adúltera que no supo serme fiel.

-                 Sabes que puedo obligarte: no te dejaré nunca, estaré a tu lado día y noche- amenazó el fantasma.

-                 No importa, ya soy un anciano, no me queda mucho tiempo en este mundo, así que no podrás seguir con tu chantaje por mucho tiempo.

-                 Como desees.

En cuanto la difunta desapareció, irrumpieron en la habitación los sirvientes, alarmados por el estruendo que había provocado el anciano al caer de la tina. Horas más tarde, descansaba ya en su cama, sin más preocupaciones que intentar pasar la noche lo más caliente posible.

Mientras, abajo, en la primera planta, en el despacho de su marido, Mary no podía contener por más tiempo su curiosidad, y decidió registrar la correspondencia del conde, nerviosa e impaciente, rebuscaba entre los distintos cajones del escritorio, donde su esposo guardaba la documentación que había estado consultando los últimos días, durante la mañana, cuando él la creía dedicada al jardín y sus detalles.

Buscó y buscó hasta que encontró una documentación que parecía antigua, entre ella vio una carta, escrita con familiaridad pero con cierta mezcla de tristeza y odio.

Era una carta de despedida para el conde, en ella se confesaba un horrible crimen, un engaño doble del que este era el protagonista. La condesa no tardó en atar cabos: su primera esposa no había desaparecido, se fugó con su amante y el hijo que ambos tuvieron.

La joven quedó tan sorprendida que no daba crédito a los que sus ojos leían y su mente intentaba procesar, jamás su esposo le había confiado semejante secreto, jamás tuvo la confianza suficiente para contarle que su primera mujer se había fugado con un vulgar sirviente.

Querido James,

Te escribo estas líneas puesto que no soy capaz de confesarte en persona la terrible verdad que encierran tus sospechas: Declan se ha sido, se ha ido con el hijo que hemos tenido y al que he renunciado por su bien, sé que si me hubiera ido con ellos nos habrías perseguido.

                                                                                       Estaré en el acantilado, te espero.

                                                                                                       Fiona.”

Mientras ella hacía este sorprendente descubrimiento, su esposo se encontraba en medio de una pesadilla: soñaba que estaba al borde de un abismo y que Fiona estaba a punto de empujarle  por los acantilados que estaban al otro lado del bosque. Ante el tremendo pavor que el sueño le produjo, el anciano se despertó, estaba envuelto en un sudor frío que le recorría todo el cuerpo.

Quedó sentado en su cama, bien abrigado, aterrorizado por los más oscuros pensamientos: se sentía acechado, observado,….sentenciado. Fue entonces cuando observó cómo la neblina de la madrugada se colaba por su ventana y junto a su cama, muy lentamente, se dibujó la figura que horas antes le había sorprendido durante su baño.

-                 ¿Has tomado una decisión, James?

-                 No estoy obligado a nada, lo hecho, hecho está, debes marcharte y no importunarme más- concluyó él.

-                 ¿Es tu última palabra, estás seguro? Sólo debes elegir, debes pagar lo que hiciste.

El silencio se hizo en la habitación, un silencio tan grave como el que se había hecho en la planta inferior, la condesa acababa de terminar la carta de Fiona, la confesión que concluía el documento la obligó a sentarse; al hacerlo descubrió que tras la carta, había una partida de nacimiento, de hacía unos 20 años, el nombre de la madre estaba en blanco y el del padre estaba borroso, pero se leía claramente Declan Stone. Ella había oído ese nombre antes, pero la madrugada estaba avanzada y su mente no procesaba con rapidez toda la información que estaba recibiendo…… ¿Dónde había oído ese nombre, ese apellido?

El anciano se levantó y paseó por la habitación, junto a su fantasmal esposa, y cuando la tuvo a sus espaldas, ella consumó su venganza. El pesado y frágil cuerpo del anciano cayó al suelo, sobre la alfombra que estaba junto a su cama. Las cuentas estaban saldadas.

Cuando a la mañana siguiente la condesa entró en la habitación de su esposo y lo encontró en el suelo, frío y blanco, no pudo contener un grito de horror que despertó a toda la servidumbre, apenas pasaban las 5 de la mañana y todos se encontraban durmiendo en sus cálidas camas.

El primero en aparecer fue Duncan, que volvía del pueblo, probablemente de la taberna, había accedido al piso superior tras oír los gritos de la condesa y había corrido por el pasillo hasta que en la puerta de la habitación del conde, detuvo sus pasos.

Fue entonces, al mirarle, cuando la joven recordó de qué le sonaba el apellido Stone.

 

Etiquetas: | Área creativa. | Secciones Generales.
Publicidad por Bligoo.com

sobre noblez

Enviado por el 05/07/2010 a las 11:19
Memo Fernández Escareño

Interesante relato que nos exhibe con cierto estilo propio del ambiente que envuelve con formalidad a los personajes una mezcla de arquetipos, está el misterio detectivesco junto a la fantasía de espadas y hechicería entre los nobles, cuando es común que se mencione entre plebeyos tal creencia.


Gracias

Enviado por Yurena el 18/07/2010 a las 17:25
Yurena

Gracias por tu comentario, me ha parecido muy interesante la lectura que has hecho de él.

Aprovecho para agradecer a la revista su publicación.  

Saludos


Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Directorios

Itinerario, directorio cultural de Hispanoamérica bannertr.jpg Page copy protected against web site content infringement by Copyscape Blogalaxia
Phoenix Web Design   /   Paginas Web 1abaestudio.com

Directorio de blogs Zuloblog vuelos barcelona londres Poetry Art Blogs - BlogCatalog Blog Directory blogs

  Directory of Literature Blogs  Adoos

 Mi Ping en TotalPing.com Directorio Web - Directorio de Páginas Webs directorio de blogs Blogs México

iPing-it!   BlogsPeru.com  blogarama - the blog directory

directorio de blogs    directorio de weblogs. bitadir  

MundoInicio  Xanky Bitacoras.com Directoriomaestro.com

GoLedy.com  Blogs Dominicanos  blog search directory

avisos gratis  Top Blogs

Directorio de blogs    Creative Commons License Cinosargo by Daniel Rojas Pachas
Literature

planetachileno.cl estamos en
PlanetaChileno.cl

 

BITÁCORAS DE CINOSARGO


28-4-2009 7.4.14 1.jpg 28-4-2009 7.4.25 4.jpg
28-4-2009 7.4.39 1.jpg

9-5-2009 9.5.36 1.jpg

  10-5-2009 8.5.5 1.jpg

Quienes Somos.

Cinosargo Home

En línea desde el 17/5/08

Director: Daniel Rojas Pachas.

Coordinadores Generales: Milvia Alata Tejedo, Daniel Rojas Pachas.

Editores: Daniel Rojas Pachas, Edgard Lara

Redactores de Cinosargo

Cinosargo, es una revista de arte y literatura que nace desde el extremo norte de chile (Arica) y tiene como finalidad, generar en este medio virtual, sin fronteras, un movimiento que impulse a otros cronistas, amantes y estudiosos de las letras, música y cine, a indagar y explorar, en torno al ambiente, historia y perspectivas, en el campo creativo de las diversas áreas de expresión. (Leer más)

CÓMO COLABORAR CON REVISTA CINOSARGO

COMO COLABORAR EN LA REVISTA CINOSARGO
PASOS A SEGUIR PARA PUBLICAR


1. En esta Revista se aceptan colaboraciones en los siguientes géneros: Poesía, narrativa, obras dramáticas, ensayo y crítica Literaria, artículos y reseñas de obras, siempre y cuando se ponga en claro en el documento o en el asunto del mail, el tipo de colaboración que se envía.

2. La colaboración será mandada como dato adjunto al siguiente correo carrollera@hotmail.com

3. Para la extensión de los trabajos se tendrá en cuenta las siguientes especificaciones: Para Poesía: un mínimo de 3 poemas y un máximo de 10. Para Narrativa: un máximo de un cuento o fragmento de novela que no excedan las 15 páginas (en casos especiales se podrá publicar una novela corta que no exceda las 40 paginas, textos más extensos se pueden publicar a través de un fragmento que acompañe un vínculo para su descarga en formato pdf). Para Artículos, reseñas y crítica literaria: un mínimo de una página.

(Leer completa la pauta de colaboración)

Si tu interés es el arte y la cultura y en especial el mundo de las letras y deseas participar de Cinosargo, o enviar tus poemas o relatos a esta primera red de corresponsales literarios y artísticos, no importa donde estes, te invitamos a comunicarte al mail: carrollera@hotmail.com

Suscríbete a Cinosargo

qwqwwq.JPG

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner

2008/07/20

EBOOKS DE CINOSARGO

REVISAR TODAS LAS EDICIONES

EN ESTE LINK.

Aguante Barreda de Alejandro Colliard

Leer   o   descargar.


antoooll.JPG

“Un poema siempre será nada más que un poema”  (Cinosargo / Groenlandia 2010)

Leer y descargar desde scribd

descargar desde nuestro servidor de modo directo:

ANTOLOGIA_JOVEN_CHILENA.pdf

 

REVISAR TODAS LAS EDICIONES

EN ESTE LINK.