
…Y, Hablando del Suicidio
Por Gonzalo Patricio Vilo Muñoz
Lo mas difícil de querer acabar con tu vida, al menos para alguien como yo, no es sólo el hecho de decidirse finalmente a hacerlo, si no el como, de que manera llevar a cabo esta acción. Y es que no todos los suicidios logran lo que yo pretendo desde hace tiempo, ni muchos de ellos tampoco consiguen elevarse y trascender en la forma que yo deseo. La verdad, muchos de ellos apenas si asoman como débiles intentos por mostrarse a un mundo que sume a todos en un desesperante olvido y estos candidos deseos, estos valientes sacrificios, terminan chocando lamentablemente con la indiferencia de una sociedad cada día más anestesiada, inconmovible, que apenas si vacila o se despierta ante semejantes muestras de desesperación. No, yo no quiero que me pase eso, para mostrar mi rechazo, mi repudio a este lugar, a esta vida insulsa, desgraciada, para denunciar el sórdido fraude del cual hemos sido victimas, necesito algo que perturbe, que permanezca en la memoria de todos como mi último grito, como mi última queja que haré entregando mi cuerpo, mi vida, y aquello por tanto no debe ser tomado a la ligera, jamás.
Por ejemplo, la gente se ha pasado toda su vida tratando de evitar en lo más posible el dolor y por ello eligen métodos simples y directos como dispararse en la sien o en la boca. Pero, si bien debo reconocer que es seductora la idea de evitar el dolor, en realidad, encuentro en esta forma de suicidio una simplicidad anodina y sin mucha gracia. ¿Acaso alguien se acuerda de aquellos que se han dado un tiro? Bueno, esta Kurt Cobain, pero al menos el uso una escopeta, una grande, y aparte, el ya era famoso antes de morir, que es lo mismo que ser escuchado, y había vomitado ya toda su amargura. Es mas, sólo necesito suicidarse para convertir su nombre en mito y me atreveria a decir que son muy pocos los que recuerdan como lo hizo.
Lo de Tupper es otra cosa. Puta, ese hueón si que la
hizo. Lanzarse desde un décimo piso, en un país extranjero, sin aclarar el por
que, eso fue la raja, eso es morir con estilo. Pasar de ser un jugador regular
de
A todo esto ¿Como se le habrá ocurrido? ¿Habrá tenido realmente en sus planes causar toda esa conmoción, o todo fue producto del impulso del momento?
Si me preguntan a mi, creo que fue esto último. El vio la oportunidad, sintió esa asfixia en su corazón, y lo hizo, se lanzó y murió, o esa al menos es mi teoría: siempre las cosas que se hacen sin planearlas son las que mejor resultan, las que mas se recuerdan y este es un caso más que lo confirma. En todo caso, más que el suicidio en si, lo que más me impactó de aquel hecho fue lo que provocó en el país. De pronto, en todos los canales de televisión el tema del suicidio pasó a tener una relevancia increíble. Era cosa no mas de prender la tele y te encontrabas con programas en horario estelar que tocaban el tema a fondo, viendo con incredulidad como los Cesar Antonio Santis, los Javier Miranda, los Felipe Camiroaga, etc, discutían y teorizaban acerca del problema de Tupper y de la razón que lo había llevado a cometer aquel suicidio.
Era asombroso el advertir como por primera vez, en los poco variados estelares nacionales, había un tema capaz de opacar a los berrinches y los líos amorosos del show bussiness local. Y es que imagínense por un minuto lo que significaba para mi el ver a esos personajes hablando acerca de la depresión, de la poca comunicación que existe en nuestra sociedad actual, etc, etc. Era impactante. Muchas veces hasta me sorprendía al sintonizar esos programas, sin importar la hora o el canal, y encontrarme con la figura y la voz profunda de uno de aquellos tantos sicólogos que se invitaban como panelistas (Y que, como profetizo Warhol, tuvieron sus quince minutos de fama, por que después nunca más los invitaron) Hablando y corrigiendo la inocente idea que teníamos el común de los chilenos y de aquellos mismos animadores, acerca de lo que significaba la depresión. La verdad, debo reconocer que aprendí mucho mas escuchándolos durante los cuatro días que duró la conmoción, que en las aburridas clases de sicología de la universidad.
Otro suicidio que causo conmoción en nuestro país, fue el del cantante Gervasio. Su manera de morir en mi opinión, fue trágica y a la vez sublime. Aquel hombre, aquel artista, agobiado por las deudas y el fracaso, aun tuvo un destello en su conciencia para asombrarnos a todos y dejar una chispa de su talento artístico. Y es que ser encontrado colgado, ahorcado dentro de aquella soga enganchada del techo, no es cualquier cosa, no todos pueden hacerlo, al menos por su propia voluntad.
Fíjense amigos que no hay nada más desesperante y espantoso que morir sin aire, ahogado, en medio de una agonía eterna. No hay peor condena para el hombre que verse privado de respirar, o sea, en esto necesariamente hay algo de masoquismo, de disfrute por la agonía, que no se despierta en todos de la misma forma y que enciende un deseo liberador, un apetito violento, capaz de convertir cualquier sentimiento en una propia y despiadada flagelación. Pero no hay que confundirse, este no es solo un masoquismo simple y por que si, también hay algo de sentido en él. Y es que este acto en realidad es cometido por un rechazo absoluto hacia la vida, hacia la sociedad moderna, hacia todas las comodidades que esta te puede brindar, y en él no se transmite ni el menor indicio de locura o de odio hacia uno mismo. Elegir este tipo de sacrificio entonces es rechazarlo todo, es mandar definitivamente todo a la mierda, es, en otras palabras, contradecir los postulados de la dignidad de la muerte, esa que pretende abreviar el momento lo más posible con tal de no contrariar y angustiar a la sociedad, al resto de los que aun permanecemos vivos.
Es tanto lo que provocó en mí la muerte de este cantante, que hasta el día de hoy la recuerdo y hasta rememoro los instantes en que la noticia fue informada en la televisión. Nunca me gustaron sus canciones, su música, nunca escuche de el ni siquiera la mas mínima palabra, ni me intereso lo que tuviera que decir, pero aquel acto fue lo suficientemente fuerte para llamar la atención de todos, incluyéndome, como si en ese mismo instante en que escuchaba y veía la noticia, pudiera sentir y oír el grito desesperado del artista, aprisionado y ahogado en el olvido.
Otra clase de suicidio, quizás menos popular, o no tan usada ni conocida, es el envenenamiento. No conozco, la verdad, casos de este tipo, y quizás por ello es que lo he elegido (Si, a propósito, se me había olvidado mencionarlo, pero he decidido envenenarme)
Este método es bastante antiguo, y en mi opinión, bastante sofisticado, de una solemnidad que trasciende y que brinda y hace disfrutar al hombre de una simbólica dignidad. No por nada los griegos la utilizaban dándole extraños nombres, como la cicuta, la cual tomaban los condenados a muerte.
Aquel tiempo del que hablo fue el de Sócrates, uno de los que bebió aquel brebaje, y a mi juicio, su muerte rayó en la perfección. Aquella muerte buscaba tanto el perdurar en el recuerdo como a su vez evitar el dolor, o al menos la agonía, y lo consiguieron plenamente. Claro, tal vez el ejemplo de Sócrates desvirtúa un poco el sentido de este escrito, ya que lo suyo no fue un suicidio, pero de todos modos vale la pena mencionarlo.
Aunque, ¿Quién puede asegurar que lo suyo no fue de uno u otro modo un suicidio? Después de todo, lo único que tenia que hacer aquel filósofo era reconocer los errores y las culpas de las cuales se le acusaba, y pedir perdón a sus enemigos. O quizás haber escuchado a sus amigos, quienes al final de sus días le conminaron a escapar, ofreciéndose para ayudarle. No, todo aquello Sócrates lo rechazaría ¿Pero por qué?
Es obvio que su sentido del orgullo, el cual le impedía reconocer que estaba equivocado y vivir en la hipocresía, o su sentido del honor que le impedía actuar como un cobarde, o ser al menos visto como tal, fue lo que le impulsó a actuar de aquella manera. Aquel estoicismo encarnado en su piel y que le hacia pensar que era moralmente superior a los demás le obligaba a no rebajarse al nivel de ellos, a no aceptar aquel mundo en donde había sido enjuiciado injustamente y que no valoraba su trabajo y malinterpretaba sus acciones. Aborrecía aquel mundo, aquella sociedad, se creía mejor que esta y por ello no tenía miedo de verse privado de su vida, si con ello dejaba firmemente marcado su rechazo. Yo me pregunto ¿Hay otras razones, hay otras palabras que resuman mejor mi sentimiento y el de los otros personajes de los que te he hablado? En mi opinión, todo suicida es un estoico, al menos un estoico consecuente.
Es por eso amigo y paciente lector que he elegido este último método. Se que deben haber otros que se me han quedado atrás, pero entonces esto se haría muy largo, mas largo de lo que ya se ha hecho y no se si tenga el tiempo para hablar lo suficiente de todos ellos. No ahora que el final ha llegado
Sin embargo amigo mío, ahora que el veneno atraviesa mi garganta y se asienta poco a poco en mis entrañas, tengo la sensación de que todo se hace más claro, penosa y ridículamente mas claro ¿Quién lo diría? Un simple matarratas ha servido para iluminarme. A pesar de que mis emociones no han variado y sigo aborreciendo con toda mi alma este mundo en donde vivo, de pronto me he dado cuenta que nada de lo que estoy haciendo tiene el menor sentido. Si, definitivamente he sido un imbécil al creer que lograría algo con mi muerte. Y es que ¿De verdad pensaba que algo se podría cambiar? Ja, no, todo va a seguir igual, y no se si aquello es bueno o es malo, pero al menos si se que es decepcionante, tan patético como nuestras vidas. Lo mas valioso que tenemos no alcanza siquiera para remover los cimientos de este sordo gigante. Todo termina convirtiéndose en un vulgar escape, en un odioso llanto de niño taimado, en un penoso y absurdo intento por demostrarles a todos su error, la injusticia que han cometido al ignorarme, al olvidarme. La egolatría y no el estoicismo me ha consumido y ya no tengo deseos de culpar a nadie. Todo se ha ido al carajo, no, yo me he ido al carajo, y me he ido solo y ni siquiera este ultimo y conmovedor esfuerzo de mi parte ha servido para vengarme. Todo en realidad se reduce a una simplicidad aun más anodina que un tiro en la sien: mañana saldrá el sol y yo no estaré allí para verlo y eso es todo lo que se me viene ahora a la cabeza.
Solo lo siento por ti. Tú que llegarás y te encontrarás con mis restos inmundos esparciendo su putrefacción a través del aire, y que te quedarás con la peor imagen que un hombre puede guardar: la visión de la muerte, de la inercia, del vacío que lo ensombrece todo. Pero tendrás que avisarles, tendrás que avisarles a todos y ser testigo de los pobres llantos de quienes aun me conocen y me aprecian, sabiendo, teniendo la certeza de lo absurdo de todo aquello, por que tu sabes que el tiempo lavará esas lágrimas y que los bichos despiadados devoraran mi carne y roerán mis huesos y que en poco tiempo ya no seré nada, ni siquiera un recuerdo y todo mi vano intento se habrá olvidado, en medio de la crueldad y la incomprensión del tiempo, todo.






































