ZOOLÓGICO
Guillermo Fernández Escareño
Los canguros cabalgan a los caballos y su inusual peso no impide a los cuadrúpedos que el trote sea ligero. Las dos especies se encuentran unidas sin sentir que haya sometimiento por parte de alguna, y, como nunca antes, recorren abruptamente los prados alrededor en busca de una salida que las lleve hacia la serranía, afuera de la ciudad en donde está el bosque interior que las ha tenido cautivas, desde su nacimiento, ahora intuyen que hay más naturaleza en el entorno, tras las edificaciones y los ruidos urbanos, debido a que su peculiar alianza les ha hecho creer que su panorama es más amplio.
Los espíritus de los ríos que desembocan en el lejano lago aguardan para saciar su sed. Las pajarillos celebran la huida y sus trinos son hermosos mientras van indicando el camino a seguir. Las sorprendentes criaturas están por llegar con su extraña simbiosis a una puerta enrejada que está abierta, pero algunos de los zoólogos que les cuidan y alimentan puede lazarlos antes de que lo logren, utilizando reatas y sogas, con maestría aún más sorprendente.
El experimento para monta entre bestias sólo motivó que éstas intentaran un escape pero ya separadas vuelven a la grata docilidad, sin simular su alegría, acompañan a los expertos de la fauna de los bosques para andar hacia los establos y las jaulas. Están siendo vistas por el jovenzuelo que meses antes llegó con su familia, para habitar una de las viviendas en el basto sitio.
El frente de la morada da a la banqueta y calle. El patio trasero tiene un amplio jardín cuya barda no es muy alta y está hecha con los angostos postes enterrados que permiten una panorámica de las arboledas que viene a ser mayor desde las habitaciones del segundo piso. En una está la joven que observa al hermano maravillado por la escena previa. Ella lo llama con ternura mientras asoma medio cuerpo, por la ventana que carece de un balcón, y, en cuanto él cruza la puerta para entrar al jardín, pregunta a su querida hermana si es que presenció el fenómeno ocurrido, a lo que ella asiente.
Los dos se narran lo sucedido para no perder detalle cuando lo vayan a contar, y por momentos, discuten. Ambos ignorando a los paseantes que les miran y oyen desde atrás de la barda. No les incomoda ser parte del atractivo que ofrece esta pequeña reserva natural y parque zoológico. Fueron evaluados antes de su inserción. Los resultados mostraron que su actual circunstancia no les acarreará problemas emocionales o sicológicos en el futuro, ya que termine el periodo determinado para que coexistan ahí. Son integrantes del programa experimental que quizá permita a cierta parte de la fauna el habitar áreas urbanizadas.
La primera etapa del proyecto en cuestión consiste en que mamíferos silvestres tengan sus jaulas en las colonias, y sean vecinos, que puedan deambular como lo hacen algunos canes y los pequeños felinos.
El par de infantes sólo sabe hablar de lo fabuloso que es estar en contacto cotidiano con leones y jirafas, rinocerontes e hipopótamos, jaguares y gacelas, que no se agreden pues nada les falta. En su plantel educativo obtienen buenas calificaciones con regularidad, y es probable que su satisfactorio comportamiento y encomiable disciplina se deba a la total ausencia de estrés en sus organismos. No pasa una tarde o mañana sin que se presente algo interesante, y por lo mismo, en su casa no escasean las visitas que hasta se quedan a dormir durante los fines de semana, escuchando las historias que se han tejido en el bosque urbano.
El próximo viernes es probable que un cocodrilo coma al sapo que suele pasar el tiempo sobre su lengua, cuando él tiene la boca abierta, y debido a que es posible que no le mastique, podrá vomitarlo vivo. Mas esto ocurrirá sólo si los niños llevan al pantano a sus amigos que los visitan, para ver fenómeno tal, y luego corren a decirlo a los vigilantes para que tomen las medidas necesarias. El batracio puede que se gane la estima y el aprecio del niño que vive ahí, y entonces, él querrá tenerlo lejos de la zona pantanosa, justo en su jardín, para alimentarlo y cuidarlo junto a su hermana.
Mientras lo anterior tiene tiempo para suceder, y ya habiendo terminado sus tareas escolares, el hermano y la hermana van hacia donde están los canguros, quieren saber como es que se encuentran después de su aventura con los equinos. Los animales se han calmado y están en una mesa construida a su medida, no tienen sillas porque no las necesitan, reposan sobre sus propias patas, descansan sus extremidades superiores sobre la tabla de madera, los dos niños se les acercan y soban sus lomos para que se sientan mejor, ambos reciben su tímida pero desconcertante invitación, para morder y comer de las ramas que hay. Tras el solaz la oscuridad se ha aproximado y todos vuelven a la seguridad de sus aposentos. Ha pasado otro día y la intención de los responsables del proyecto sigue volviéndose realidad.






































