
El anónimo exhibicionista secretamente enamorado
(o el compendio de un romántica locura)
¿Y qué si lo hacíamos allí??
¿Qué vasta con decir que nos vieran todos?
¡Que nos reprochen con el odio!
Que la vergüenza nos traicione.
Yo quería?
Quería tomar tu mano. Hasta quemarla con fuego.
Y que gritaras ¡Déjame que quema!
¡Ahhhhhaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Que quema!
Por todo y mucho de esta gelatina caliente, que aquí secreta.
Que bañe cada punta de tus yemas; esa huella dactilar selecta.
Tocarte toda la tuya. Esos tatuajes con flores en cada postura:
entre tu espalda, el vientre, y arriba de tu vejiga.
El aro que cuelga de tu nariz colmarlo como tratando de ocultar un marfil.
Escaso y apreciado por cada proverbio de los demonios.
Que la expansión de tu oreja izquierda sirva para penetrar la punta de mi nariz,
E inhalar todo secreto que te hayan contado por allí o por aquí.
Que tus tetas se esparzan por mis mejillas. Por un tobillo.
Por un hueco herido de mi tetilla infantil.
Que frente a toda la huella de arte anónimo que filtra tu casa;
De esa cabeza con un cuchillo como cintillo;
De la porno lesbiana que abrigaba un pan y un té servido,
me hagas el amor arriba de tu colchón celestino. Descolorado.
Atorado, en tu living-room descascarado.
Ahora desnúdate?
¡Pero que tu chaqueta de jeans no me abandone! Sostén tu pelo amarrado.
Y sólo te saques una pierna de la amarra de tus pantalones.
¡Pero escucha! Quiero que dejes tu zapatilla. Blanca y rosa arrimada a tus dedotes.
¡Así! Mueve tu calzón de lado, inclinado, desorientado.
¡Puja! Quiero que pujes hacía mí. Yo todo desnudo, helado.
Sólo con mis gafas, la ropa de mi cara, sólo con las gafas,
de cuenta de la saliva gastada.
Que me grites al oído, que no grite mucho.
Y que coles una palabra a mis oídos, para no entenderla, sino que practicarla.
Que sueltes cada quejido tuyo, exclame de lo rico que es cada vez.
Que grites cuando todo se haga invisible.
Siendo el ruido de las calles, semejante a una muda.
Y cuando terminemos de sacudir nuestras colas,
acaricia ahora las lunas,
que puedes olorosar con frescura; lenta; eterna de tu misma cara ternura.
Pero el cigarrillo ya se acabo. El alcohol se lleva ya en un pulmón.
La imaginación se seco
Y debemos salir todos.
Y tú te despides de todos, de mí?
Que mudo me he quedado todo ese poquito rato allí,
sobre un sillón,
como si quisiera atrapar las moscas que revolotean aquí.
Pensando, mezclando, que quisiera sujetar tu mano,
hacerte el amor como animal, como comer a un durazno.
Y que todos allí pudieran decir,
que nos han visto, hacer el amor?
Camilo de Monona







































gqUjiyPZjBNpKbv