
WITOLD GOMBROWICZ Y VLADIMIR NABOKOV
Los
hombres eminentes cuando pasan los cincuenta años suelen ir poniéndose
chochos. Sartre, que durante gran parte de su vida aspiraba al
reconocimiento de la posteridad, llegando a los sesenta nos dice que se
había engañado hasta los huesos, que había dudado de todo, pero no
había dudado de haber sido él mismo, el elegido de la duda, por lo que
se había convertido en un dogmático, y por la que se había transformado
en una máquina de hacer libros.
“Todos los rasgos del niño,
desgastados, borrados, humillados, arrinconados, dejados en silencio,
han quedado en el quincuagenario. La mayor parte del tiempo se achatan
en la sombra, acechan; en el primer instante de inatención levantan la
cabeza y entran en la luz del día con cualquier disfraz”
Cuando Gombrowicz se entera de que se Sartre se había manifestado de esta manera en “Les Mots”, me hace algunos comentarios.
“¿Acaso
sabe que en su libro último “Les Mots” ese asno ha confesado que todo
su existencialismo es una asnada? Ya ve, Goma: su situación está
arruinada, su prestigio intelectual aniquilado, todos se ríen y dicen:
–¡Qué gomadas dice el pobre Goma!”
Ya sabemos que la chochera es una
pérdida del juicio, un debilitamiento de las facultades mentales, un
estado que regresa al hombre al tiempo de su niñez, y también sabemos
que el amor hace chochear con frecuencia a las personas mayores. En los
escritos de Gombrowicz hay tres cosas que nunca faltan: la sexualidad,
el humor y los sueños.
Estos componentes pesan de una manera
diferente en cada una de sus obras, los sueños y la sexualidad tienen
poca importancia en Ivona porque Gombrowicz aún no había definido con
fuerza su combate con la forma, batalla que libra en todos los frentes
en su obra siguiente, “Fedydurke”. Podemos afirmar que entre su primera
y su última obra la sexualidad sigue una línea ascendente, el humor una
descendente y los sueños una constante.
Esta
configuración de los componentes nos inclina a pensar que Gombrowicz se
fue convirtiendo poco a poco en un viejo verde. La chochera de
Gombrowicz tiene, por esta razón, unas manifestaciones más conspicuas
que las de Sartre. En “Yo y mi doble”, relata unos sueños de vejete que
había tenido con su bienamada de la juventud.
Cuando miraba al
presente, en cambio, contabilizaba unas mejillas sin frescura, un
vejete antipoético y rígido que no podía inspirar poemas y al que ya
nadie admiraría. La nostalgia de su propia belleza desvanecida lo
agitaba cada vez más. Le quedaba el trabajo, sí, un buen puesto para
meterle miedo a las muchachas que ya no languidecían por él. O tener un
hijo y vivir por y en él una vida plena repitiendo el canto eterno de
la juventud, de la felicidad y de la belleza.
O
sacrificar la vida por un ideal para adquirir una segunda belleza y
convertirse de nuevo en objeto de nostalgia. Su cabeza hervía, se
aparecía ante sí mismo con el aspecto de un egocéntrico y de un narciso
sucio, sintió que la juventud se burlaba de él y lo despreciaba como a
un miserable egoísta y que las alumnas del liceo ya no verían nunca en
él ningún atractivo sexual.
En su último aliento argentino Gombrowicz también chochea, aunque con cierta dignidad y un tono conmovedor.
“Un
día salgo a las siete y media de la mañana para hacer once gestiones
urgentes y veo en la escalera a una chica, una belleza de dieciocho
años, novia de uno de mis estudiantes (Flor de Quilombo), llamada por
él La Valija porque, como decía, se caminaba con ella como con una
valija (...)”
“La Valija solloza, le caen las lágrimas, me declara su
amor: –No sólo yo –dice–, todas mis amigas han estado o están
enamoradas de ti, Witoldo, ¡ninguna se ha salvado! De modo que una
semana antes de partir me enteraba de todos esos enamoramientos
candorosos (...)”
“Resultaba divertido, pero tampoco tanto como
pudiera parecer; ese ridículo triunfo en el momento de la despedida me
produjo un temblor frío: ¿esas chiquillas también estaban dispuestas,
pues, a colaborar conmigo en mi drama? En cuántas ocasiones me ha
sorprendido y atemorizado la reacción extremadamente violenta de la
juventud ante mis sufrimientos relacionados con ella; es algo que yo
percibo como una generosidad dolorosa e impotente, como una mano
tendida amistosamente, pero que ya no puede alcanzarme...”
A
Gombrowicz le gustaba representar el papel de viejo verde reblandecido
persiguiendo a las muchachas como un fauno detrás de las campesinas en
el bosque. Unas pocas semanas antes de partir para Berlín nos escribe
desde Piriápolis.
“Nada
de ascensores, ahora viejo, hay una Lolita de nueve años que me tiene
loco, ni te puedes imaginar, ando así que casi estallo, hay que ver
cómo me persigue, se enamoró locamente, ya te voy a contar. Fuera de
eso no sé si me aburro o no”
En el año 1955 Vladimir Nabokov había
actualizado la atracción malsana que ejercen las nínfulas sobre los
hombres maduros con su "Lolita". Gombrowicz no tenía una buena opinión
sobre la persona de Vladimir a quien consideraba un don nadie pero sí
la tenía sobre su primo hermano Nicolás.
“Ayer estaba cenando con el
príncipe Nabokov, primo hermano de ‘Lolita’ –ocurre que es una
excelente familia , lo que yo no sabía. El príncipe vive en un
imponente palacio, es consejero cultural de Berlín y es él quien me
invitó junto con Jelenski (los dos muy amigos) (...)”
“Admirador. Músico bastante conocido, con varias obras
estrenadas, persona muy iniciada en París, amigo de Camus, de Maritain
etc. Estaba pasmado con mis conocimientos de música”
Vladimir
Nabokov, escritor estadounidense de origen ruso, es considerado como
una de las principales figuras de la literatura universal. Nacido en
San Petersburgo en el seno de una familia de la aristocracia, su novela
sobre ajedrez, “La defensa de Luzin”, lo consagró como uno de los
principales valores de la joven generación de escritores emigrados de
Rusia a causa de la revolución bolchevique. Su fama literaria fue
discreta hasta la publicación en París de Lolita en el año 1955, obra
que supuso su consagración como escritor.
Esta asombrosa
novela narra la intensa y obsesiva relación de un hombre maduro con una
adolescente precoz, y puede considerarse como un estudio del amor y el
deseo sexual. Nabokov es famoso por sus argumentos complejos, sus
inteligentes juegos de palabras y su uso de la aliteración. Su
territorio exclusivo es la tragicomedia compleja, en la que el tiempo y
el espacio se condensan o se expanden, y las metáforas y los símiles se
entremezclan en un juego incesante: “Aunque camino siempre al borde de
la parodia, tiene que haber, por otra parte, un abismo de seriedad”.
Sus conferencias sobre literatura revelan también sus controvertidas
ideas sobre el arte. Creía firmemente que las novelas no deberían
buscar lo didáctico y que los lectores deberían buscar no solo
empatizar con los personajes sino una apreciación estética a través de
la atención a los detalles de estilo y estructura.
Detestaba
las ideas habituales sobre la novela; al hablar sobre el Ulises de
Joyce, por ejemplo, insistía a sus alumnos en que tuviesen a mano un
mapa de Dublín para seguir las peripecias de los personajes, antes que
hablarles sobre la compleja historia irlandesa que muchos críticos
creen ver como esencial para comprender la novela. Sus detractores le
reprochan el ser un esteta y su sobreatención al lenguaje y al detalle
antes que al desarrollo del carácter de los personajes.
En
1955, el año en que apareció la “Lolita” de Vladimir Nabokov,
Gombrowicz renuncia al Banco Polaco y escribe en los diarios unas
palabras memorables sobre las hijas de su amigo Wladyslaw Jankowski, el
estanciero de Necochea en cuya casa pasó algunas temporadas.
“Marisa,
quince años, distinguida y romántica (...) se sumerge continuamente en
las luminosas brumas de la belleza, el amor y el arte (...) Andrea,
doce años, una chiquilla avispada, brillante y perspicaz, me gusta reír
con ella, se ha especializado en robarme la pipa. Lena, catorce años.
Con ella he iniciado un ligero flirteo que consiste en intercambiar
miradas (...)”
“Rubias. ¡Qué bellas son! (...) y miento, miento, porque es lo
que me exige su imaginación, estoy impregnado de mentira hasta la médula. Les cuento mis batallas en la última guerra”
Hay dos lolitas de Gombrowicz que se hicieron famosas, la lolita Crisamor de Tandil, y la lolita Lolaluca de Buenos Aires.
Gombrowicz
le pedía a Flor de Quilombo que le mostrara las cartas de las novias
para hacer estudios psicológicos sobre el estilo y la forma, se detenía
especialmente en las de Crisamor: –Pero, ¿no te das cuenta que son
cartas de amor?, está mortalmente enamorada de vos. Es muy joven. Sé
responsable. Presta atención, puede suicidarse.
La madre de
Crisamor lo veía a Quilombo con desconfianza pero su hija no le
obedecía. Un día Gombrowicz, con la complicidad de Flor de Quilombo, se
decide y le escribe una carta a Crismaor: –Crisamor de mi corazón...
La madre descubrió la carta, se lo cuenta a un hermano y el tío de Crisamor le dice al padre de Mariano: –¿Quién es ese hombre
tan raro que trastorna la cabeza de tu hijo y molesta a mi sobrina?
Se
estaba haciendo la fama de un corruptor de la juventud. Para colmo, un
polaco de Tandil había leído “Transatlántico”: –¿No sabés con qué
degenerado anda tu hijo? Crisamor parecía salida de “Ferdydurke”, le
escribía a Gombrowicz cartas alocadas y magníficas. Su humor de prima
donna, con gorjeos auténticos, pescaba al vuelo el tono de las idas y
vueltas de los jóvenes comediantes de Tandil.
La otra lolita,
Lolaluca, lo veía a Gombrowicz cuando llegaba con Marlon al café
Querandí: –Sos un viejo vanidoso, además sos muy egoísta y también
egocéntrico... La lolita Lolaluca se hizo famosa por una foto que
aparece en todos los libros de testimonios en la que Gombrowicz se
arroja sobre ella en un sofá con la actitud desembozada de un viejo
verde violador.
Es muy difícil encontrar en la obra de
Gombrowicz menciones directas a los órganos y a las funciones sexuales
pero desbordan en referencias indirectas, echaba mano a esta estrategia
para que la atracción y la excitación se hicieran presentes con más
intensidad. Gombrowicz sexualiza el pensamiento y las ideas para que la
conciencia se realice en un cuerpo erotizado que cautive y atraiga.
Las
partes del cuerpo funcionan independientemente de la actividad
psíquica con una estructura diferente. La popularidad de las
indagaciones de Sastre sobre la mirada y de Freud sobre la
participación de la sexualidad en la conducta humana facilitaron la
comprensión de su obra un tanto hermética, a pesar de la desconfianza
que Gombrowicz le tenía a ambos.
"Las opiniones vertidas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.






































