Murciélaga de Verónica Quense
Murciélaga que según Lemebel “hace cantar las claves poéticas en el jardín huraño de la palabra” palabra subvertida y subversiva que la autora conduce y que en el poema sálvese quien pueda a modo de acróstico,
Q de sálvese quien pueda
U de huir a la frontera
E de elefante sosteniendo al mundo
N de mil palabras negras
S de surge nuevamente
E de aburrida eternidad
(Sálvese quien pueda)

Quense,
jugando con su apellido revela -sometiendo a juicio del lector- parte
honda de su inquietud, temas y voces que reposan y bullen en el
imaginario de fotopoemas y fotogramas ungidos por la autora.
El sálvese quien puede de la Q
es una salvaje invocación que expone el desamparo del hombre -solos
como dividuos- estamos cortados de raíz del mundo y en guerra con
nosotros mismos; desmembrados peleamos por una oportunidad como
depredadores hambrientos sin importar más que la supervivencia
En la calle
hay mujeres indígenas
que hacen dormir a sus hijos
envueltos en cartones
mientras intentan vender collares
que nadie compra (Misa)
-el yo profundo y desensibilizado se debate en un hoy en que la empatía es un hocico de perro rabioso.
De tanto andar en avión los ricos
nos convirtieron en piedras del paisaje
nuestros pueblos sombras en quebradas (la tierra de allá abajo)
Espaldas apuntando a la tierra
curvas curvándose lentas
pesadas de abuso y pobreza
(…) Nuestro ataúd un horroroso cubo (Espaldas)
h- U
-ir a la frontera: La periferia y frontera se presenta a lo largo del
poemario como un símbolo que evoca la idea de salida, refugio de una
racionalidad e injusticia recalcitrante que se puede entender y juzgar
mejor desde los bordes;
me escondo en una micro
después en el metro
me pierdo en el parque forestal
(…)
compro un libro de Silvia Plath
me escondo en su bosque de invierno
(Me escondo en una micro)
En
las postrimerías, mientras más lejos se encuentra el hablante del
centro y su fuerza gravitatoria la mirada, como hombre y sociedad, está
menos intervenida en su lógica y sentir y aunque no se goza de los
privilegios del sirviente y el esclavo, se puede pensar y pensarse
panorámicamente.
Por un momento se borró la ciudad
con su crueldad con sus fronteras
con su injusticia y su impunidad (…)
por un momento el mar
inundo mi ciudad y mi memoria (Un viento marino)
El
“ser periférico” al no constituirse como siervo o entidad reprimida por
el sistema siempre será un ser proscrito ante aquellas ideas fuertes y
violencia represiva del centro y su ideario de normalización. Esto se
produce por la calidad de rebelde de aquel que habita en los extramuros
. De modo que se atacan sus actos directos, manifestaciones y
despliegue de sus deseos más íntimos.
¿No fueron sus dioses
los que silenciaron a mis diosas
y quemaron la voz
en sus castigos retorcidos y morbosos? (No hicieron lo posible)
O
se castiga lo que simplemente representan sus elecciones más básicas y
vitales, creencias, convicciones; la expresión de su sexualidad por
ejemplo.
Si nos movemos nos cachan
abrázame
y nos cagan por lesbianas
entonces suéltame la mano
conversa normal (Disimula que viene un paco)
La memoria se evoca en la obra a través de aquel animal solemne E-lefante
que sostiene como un atlas al mundo. Pese al raspado y las fisuras que
el hombre hace al omitir, olvidar y manipular su transito reseñado en
las páginas de la historia, no podemos negar que nuestro minúsculo
universo humano gira por obra y gracia de los testimonios y la
inmortalidad que confiere la palabra y los discursos –su represión o
hiperbolización, premeditada o fortuita, van creando consciencias,
identidad y distribuyendo los roles de cada quien.
¿No fueron sus filósofos
los que me nombraron perra
encerrándome el pensamiento
y callándome la palabra? (No hicieron lo posible)
N
de mil palabras Negras: Páginas enlodadas y que son la vergüenza de
nuestra caminata por el mundo, estás son producto de la conjunción de
las tres voces anteriores, la furia carnívora del hombre siendo el lobo
de su par; ante ello sálvese quien pueda de aquel ejercicio de un poder central; jerarquía que somete a los que no comulgan con su decir, enviándolos a la periferia
como
prisión, celda, exilio u hogar, la frontera en ese caso, huir, es la
salida de un demencial mundo falocéntrico y un logos asesino que se
completa en la historia, en ese elefante lleno de cicatrices y
al cual se dispone a cumplir nuestras desviaciones quemando su piel,
raspando su carne para ver cuanto más podemos re-escribir con la
comodidad del olvido y la sangrienta mecánica del palimpsesto como
gatillo del silencio.
Hombre blanco decir matar malos
y mundo asesino
hombre blanco decir comprar
y mundo consumir (Hombre blanco decir comer)
La
historia se presenta como un proceso macro que el poder y sus
detentadores utilizan cual gran maquinaria discursiva que aplasta al
individuo, produce mudos, historias pequeñas que se consideran
intrascendentes y dispensables.
Muda
sin palabra que me salve (No hay)
Aquel S-urge
nuevamente podemos entenderlo como la muestra fiel de un eterno retorno
y ciclo absurdo en que resumimos nuestro diseño espiritual y social
como especie. La tarea de sufrir, de repetirnos hasta la saciedad es
una predecible caminata en círculos por el mismo paisaje en el cual lo
único que se sucede y cambia es el rostro de los viajeros, ellos han
dejado sus testimonios, sus acciones que son rescatadas como hazañas o
infamia en la historia. De ese modo influyen y pasan la posta a
nosotros los sucesores que haremos lo mismo, retomar sus pasos, a veces
desviando la ruta, en otros casos como meras copias aprovechando el
mapa trazado de antemano…
En mi país nada cambia
pasa lo que tiene que pasar
la tendencia es la tendencia
la estadística es la estadística
y las cosas humanas siguen siendo
cosas perdidas en el tiempo (Todo sigue casi igual)
…y
al final, tarde o temprano, llegaremos al mismo resultado, la misma
meta que da fe del recorrido, ese cauce que nos arrastra a todos; y que
la autora sintetiza como idea en la última letra de su apellido y
elemento del acróstico: E- de aburrida eternidad, destino que
por falta de invención y coraje para salir de los límites,
comunicaremos a los que vendrán para dejarlos repitiendo la comedia sin
sentido.
Calle que desaparece islas
calle como cuenca de río
que nos contiene a todos
en una corriente humana
que no dejará de moverse (Calle)
El aludido poema Sálvese quien pueda termina:
Si alguien conoce el remedio por favor llámeme
Salgo en la guía.
El
llamado en verdad lo hace Quense con este animal poético llamado
murciélaga que recorre las noches y silencios en un vuelo que da fluir
lingüístico y visual a tierras eriazas, espacios, tiempo y voces que se
suceden en una bitácora que recobra la presencia de aquellas
bastedades, al parecer, sacadas de otro mundo, infierno y paraíso
cotidiano (olvidados por negligencia) Inmóvil spleen y ternura que la
poeta eterniza y da cauce en una imagen que busca deslizarse ante
nuestros ojos indiferentes, logrando por encima de la represión; herir
con belleza el trémulo suspiro de no poder lidiar con una lágrima,
-impotencia hecha silencio por la crueldad- y que en cada poema, verso
y palabra del libro, gracias al acto agónico de leer y mirar, se
confronta –pues más allá del miedo y la violencia- logramos
reconocernos en ese espejo que expone todas las máscaras infinitas y
denuncia las gratuitas e incomodas omisiones
Autora: Soledad E. Díaz
Textos y fotografías: Propiedad de Verónica Quense
Publicado originalmente en: La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas
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MUY INTERESANTE ARTÍCULO
Es importante que sumemos nombres a nuestra memoria-literaria... y ello logra Soledad E. Díaz con este artículo magnífico.
Mis felicitaciones por descubrirnos nuevos valores y por la calidad lingüistica del texto.