
Huir Permaneciendo
Por Mariana Ponsiglione
Si tuviera la
sensibilidad de un espantapájaros correría desde este rincón en el que
reposo, con la velocidad de una cucaracha espantada por una inmensa
suela que la amenaza, y me estrellaría, provocando una lluvia de
meteoritos hechos y deshechos de carne sufrida, de carne vencida.
Cobarde, anhelo la
insensibilidad para terminar de destruirme. Prefiero la agonía antes
que la nada, antes que arriesgarme a permanecer en el oscuro hueco
personal, hecho para mí, especialmente, mi hueco de la muerte. Ni el
cielo ni el infierno, ni la reencarnación, ni nada que se haya
mencionada jamás para el consuelo de los ingenuos. Hay un hueco,
absolutamente negro, invadido por un silencio desgarrador y el resonar
de mi conciencia que me espera para perseguirme eternamente. La vida no
es eterna, la muerte si lo es.
Es por eso que lo
pienso, o es por eso que no cometo la torpeza de arriesgarme, de
condenarme a algo que no tiene fin. Creo que en apenas un par de horas,
me habré aburrido de ese eco insoportable recordándome esto y aquello y
esa sarta de pavadas que hice y dejé de hacer durante 30 años. Me
aburro fácilmente, no es más profunda la razón por la cual fui y vine,
y amé y herí, y corrí y viajé, sin dejar rastros, gritando a través del
viento que corrieran para el lado opuesto, y borrando las pistas para
que no me pudieran seguir.
Sin dudas, sí habrá explicaciones más profundas que justifiquen aquel aburrimiento cíclico que irrumpe en mis sueños y suplica en su galope que despierte ya y abandone, que abandone, no importa qué, ni cómo, pero que abandone lo que fuera en ese preciso instante. Así es que despierto con la sensación de tener que huir sin dejar ni una página de mi historia. Borrando cada signo de exclamación, cada agrupación de puntos suspensivos que dan continuidad. Al amanecer no hay punto aparte, hay una tapa que indica el final, una tapa gruesa a todo color, impresa en cartulina de 300g., con diseño a elección del lector. El laminado suele ser mate, un mate melancólico, no para el autor sino para el que lee.






































