
Crear líderes es difícil para nuestro pueblo. Si Argentina crea ídolos con pies de barro -Maradona, Evita -, Chile es incapaz de reconocer méritos válidos en sus ciudadanos
A través de un dispositivo inteligente, mi suegra me dejó escuchar anoche los cacerolazos en la comuna de Ñuñoa y uno de mis amigos me contó que sucedía lo mismo en Providencia. Ambas comunas son tradicionalmente derechistas y tienen alcaldes de la alianza desde hace más diez años. Chile 2011 es lo más parecido al mayo francés y lleva más de un mes desarrollándose. Naomi Klein, Noam Chomsky y la gente que piensa en el mundo nos admiran. La comunidad simplemente le dice basta a un grupo de chilenos que confunde nacionalidad con propiedad. Ellos no creen que pertenecen a Chile, sino que Chile les pertenece.
El Ministro de Interior no entiende lo que significa la democracia. Cree que es el gerente y le encantaría poder despedir a los empleados insubordinados. Pero no son sus empleados, son ciudadanos y una cosa llamada Constitución malamente les garantiza ciertos derechos. El Gobierno quiere seguir el dogma de Friedman y privatizar ¡cómo no hacerlo! Privatizar significa dejar todo en familia para ellos, así como el papito de la Ena se quedó con la propiedad de las semillas. En el orden del mundo según el Opus Dei, es lo que corresponde porque dios lo quiso así.
Es Internet: Twitter y Facebook nos ponen a todos en contacto y las noticias se difunden a la velocidad de una mala noticia. La gente ya no se traga nada, sino que busca en sus pantallas y se informa. Ni las iglesias, ni los estados pueden mantener sus versiones oficiales. La verdad chorrea a borbotones por Twitter y los comentarios se suceden en Facebook. Wikileaks se difunde por estos canales, junto con la mera palabra de los pueblos. Las tácticas de desinformación vigentes del señor Goebels (ministro de propaganda de Hitler, no todos los lectores fueron a buenos colegios) ya no funcionan.
¿Pero dónde están los líderes? Lo he preguntado en Facebook. Coni Romero -una nueva amiga de Facebook - respondió: “cada persona que participa, que está ahí, es un líder!” Suena bien, pero es imposible. Llegará el momento de tomar decisiones y las decisiones solo pueden ser tomadas por un número limitado de personas. Si no, comités infinitos debaten hasta que el final de los tiempos. No el final de los tiempos bíblico, sino el final de los tiempos de tomar decisiones.
Cuando dejé Chile había una izquierda. Derrotada, es cierto, pero no pensé que muerta. Ahora las masas salieron a la calle cumpliendo el deseo de todos los izquierdistas del mundo, pero los líderes no están ahí ¿qué se hicieron? La clase política parece superada por un pueblo que piensa por sí mismo. Aunque muchos se encantan, como que no sabe qué hacer. Parece ser que fuera imposible enfrentarse a masas informatizadas e informadas.
Si los viejos líderes no aparecen, entonces hay que generar nuevos. En esto Chile no ha sido demasiado bueno. Para generar a un líder se requiere creer en el otro: no todos pueden ser líderes, sino que debe haber un número limitado de líderes y la mayoría de las veces será alguien más. Para reconocer a un líder hay que reconocer sus capacidades y tener la humildad de decir “este es mejor que yo, pero me representa.” Como escritor en Chile, supe lo difícil que es que esto ocurra. La gente que lidera espacios no quiere renovar cuadros y a nivel horizontal la rivalidad es tan grande que todo se neutraliza: al chileno no le gusta que otro se destaque sobre por él mismo, pero un líder necesita del esfuerzo de muchas personas para llegar a ser un líder. Es como un hombre que va a la Luna, que necesita de un equipo de cientos de personas para llegar: control de misión, técnicos, mecánicos, ingenieros, obreros. No todos podían ir a la Luna, pero Neil Armstrong fue un triunfo para todos ellos.
En ausencia de líderes, el fenómeno chileno se transformará en nada. Cuando se vaya Piñera, será el momento de elegir un nuevo gobierno y todo este movimiento deberá transformarse en un proyecto concreto de nación. Los Tweets deberán transformarse en propuestas ejecutivas y los comentarios de Facebook en leyes y doctrina política. De no ser así, tendremos más de lo mismo de antes y lo mismo de antes hace tiempo que dejó de funcionar. Por eso fue que Frei perdió las elecciones y no porque mi país se haya vuelto facho, afortunadamente.
Crear líderes es difícil para nuestro pueblo. Si Argentina crea ídolos con pies de barro -Maradona, Evita -, Chile es incapaz de reconocer méritos válidos en sus ciudadanos. En mi campo, Bolaños terminó hablando con un acento español-mexicano y Jodorowski en Chile es poco más que un viejito que lee el Tarot. Gabriela Mistral se negaba a volver por lo mismo y solo después del Nobel recibió el Premio Nacional. Rodrigo Lira tuvo que suicidarse. En política, al último que quiso cambiar las cosas lo mataron y la Concertación se quedó sin líderes precisamente por no potenciar nuevos cuadros: era un peligro para los nuevos tercios, aferrados al poder con dientes muelas.
Pero ahora es cuando cambiarlo todo. La ventana se ha abierto. La derecha simplemente dio a conocer que nos desprecia a todo el resto de nosotros como clase y ahora por fin vemos que ellos deberán alejarse del poder político para siempre. Solo nos queda confiar en nosotros mismos y en el vecino. Darle poder al otro, empoderarlo según el neologismo que mi procesador de texto no reconoce y me subraya con rojo. El pueblo ha sido consciente. Ahora debe ser generoso consigo mismo para darle golpe final a los otros chilenos, a esos que creen que el país es un negocio, su negocio.
Arturo Ruiz, Washinton DC, Agosto de de 2011






































