Del libro “De este anodino tiempo diurno” (1990; Premio Municipal 1991)
TODO ENCAJA EN TODO ARMONIOSAMENTE
El
macho encaja en la hembra y la hembra en el macho
tal como el cuchillo encaja en los labios de la herida sangrante
y el árbol de corteza arrugada en el paisaje que lo rodea.
Cada palabra encaja como un rompecabezas dentro de lo conversado
así como una mirada encaja entre otras miradas
o la columna atacante en el espacio del enemigo
que se repliega a duras penas.
El
extremo oriental del Brasil encaja en la costa occidental de África
y el cuerpo del atormentado en el instrumento que lo lacera,
la mano del ladrón con su presa.
El
vuelo de un pájaro y la caída de un pájaro encajan
y el fusilado en las balas que lo perforan
y el niño en su madre
y una boca que besa en otra boca que devuelve el beso.
La línea quebrada de las montañas encaja en la línea
quebrada
del cielo que hay sobre las montañas.
El río encaja en su cauce
el mar en su lecho cóncavo
y en su cuenca el ojo lloroso y la llave en la cerradura.
Todo
encaja con todo
y no parece tarea fácil desligarse de este designio.
Cómo separar al muerto de su ataúd
o la partida del viajero de su regreso.
Todo se relaciona con todo
y hasta el que se esconde en una isla solitaria
encaja como un alfiler en la solapa del olvido.
Cada cosa se disuelve dentro de otra
y hasta “el camino de subdia es el mismo camino de bajada”.
Al
poema le es dado envolverlo todo,
evidenciar las relaciones que hacen posible
la armonía del caos.
Del libro “Arte de vaticinar” (1970)
DORALISA SE LANZÓ BAJO EL TREN DE LAS 14
Yo sé que tú eres la misma de hace 20 años, Doralisa,
y que nada ha cambiado para ti, para nosotros,
que habías de eternizar tu juventud y mi niñez
en ese día y esa hora —las 14.
Esparcida
sobre lucientes rieles te recuerdo, Doralisa,
derramada entre dedales-de-oro en flor
(Fue en primavera ¿no es cierto, Doralisa?)
y qué blanco tu cuerpo, qué blanca, Doralisa,
y tu cabellera negra enrollándose
y desenrollándose al viento entre las yerbas.
Y tu cuerpo, Doralisa,
desperdigado sin orden ni sentido
como si hubieras querido hacer de ti misma un enigma
que nadie pudiera descifrar debidamente.
Ah
Doralisa, Doralisa,
eres para mí un recuerdo despedazado
que debo empezar a armar pacientemente
—un ojo junto a otro ojo,
una pierna y la otra juntamente
y tus senos y tus manos y tu cabelleres sobre todo
y tus pies desnudos sobre la tierra.
Y yo te armo, Doralisa, compongo tu figura
y me llegas intacta a la memoria.
Y enseguida te desarmo, te deposito en tierra,
te disperso,
porque tú eres un recuerdo que vive en mí, Doralisa,
y que no me pertenece.
“A NADIE DARÉ UNA DROGA MORTAL...”
Aquí estoy solo con mis pócimas, mis escalpelos,
mis uñas rotas, mis salpicaduras.
Aquí con mi intranquila conciencia.
Aquí con mi mundo perturbado.
Aquí,
con mi cadáver deesnudo sobre el mármol
y el tiempo que aquí debería ser abolido.
Somos los mismos. Los que tuvimos un día
la capacidad de asombrarse.
Cartílagos
sólo hay, sólo huesos.
Debo suturar desgarros que yo no produje.
Debo hacer coincidir las piezas de un cráneo.
Soy demasiado humano para vivir en paz.
Pero
quién se sonreirá por ti algún día.
Pero quién repetirá después las cosas que tu dijiste.
Pero quién cometerá tus mismos errores.
Pero quién heredará tu desencanto.
Morirse
pero contemplar tu propio funeral.
Pero huir y ser testigo de tu fuga.
Pero perderse y participar en tu propia búsqueda.
Pero se trata de estar aquí y en otras partes.
Pero
yo soy un cirujano fiel a su juramento
y seguiré cortando tendones, removiendo las vísceras
sin lograr ver en ellas el futuro
y a nadie daré una droga mortal.
INSECTARIO
Yo
me enamoré una vez de una muchacha maravillosa
y los dos preferíamos los vanos de las puertas,
los rincones más oscuros de los cines,
de las plazas públicas.
Huiamos de la luz como los fantasmas que éramos en realidad
y esperábamos la noche
y apagábamos todas las luces para hacernos el amor.
Yo gustaba de recorrer todo su cuerpo
centímetro a centímetro
como un escarabajo por las habitaciones en tinieblas.
Y ella tenaz y laboriosa como ninguna
tejía y destejía en silencio su tela sobre mis labios.
Un día nos equivocaríamos de grieta
o la luz del día nos ahuyentó en opuestas direcciones
y nos perdimos de vista entre la multitud.
De
ese tiempo,
mi sensación de llevar antenas en la frente
y los ojos facetados.
De
ese tiempo,
mis pestañas sensibles a la luz del sol
y mi forma de andar
de insector extraviado entre los hombres.
ASAMBLEA EN LA UNIVERSIDAD
No
es la Humanidad entera lo que se ha reunido aquí
en la Sala de Sesiones.
Mas todos los problemas de la Tierra es posible
que tengan su lugar en la Tabla del día de hoy.
Tendrían
que ver a los vehementes jóvenes
y a las vehementes muchachas,
que ocupan todas las butacas
y se agolpan en las puertas de acceso
y rodean por todos lados a la Presidencia
sentados en el suelo.
Ah
y los oradores que hablan desde la testera
o desde el fondo o de un flanco de la sala
y la chiquilla de lentes a mi lado
que mueve la cabeza en direcciones contrapuestas
como una buena espectadora de tenis de mesa.
Ah
y todos los cigarrillos encendidos
que echan tanto humo como una verdadera usina.
Habrá que destacar que el joven Marx se encuentra presente
en un rincón de la sala.
Marx escucha atentamente a los oradores
y hace rápidas anotaciones
y continúa escuchando atentamente.
Tengo
que informar que el joven Cristo
no ha aparecido por acá.
Pero yo sé que hará su entrada unos instantes más
y se unirá al desfile de protesta.
Tenga
cuidado con los carros lanza-agua de la policía,
con los gases lacrimógenos,
con los duros bastones de la policía, Cristo.
Del libro “Trabajos en la vía” (1987)
RANAS
Una
epidemia de ranas copó a un país
de extremo a extremo.
Fue en Egipto y por mandato divino
los batracios doblaron de este modo
la mano al Faraón.
Las intrusas
se colaban hasta el dormitorio del Monarca
y no dejaban caminar por las calles.
Las
ranas chilenas no son tan numerosas
aunque sí de gran porte.
En arroyos y estanques
se lo pasan inmóviles
al acecho de algo que se mueva
y esté vivo
para tragarlo con auxilio de la lengua.
Ratones y pajaritos concluyeron
Más de una vez sus vidas de este modo.
Escuchen a un testigo:
Yo
he pasado mis días cazando ranas y crean
si me acerco
sé que la rana va a hacer croac.
Y aunque vaya con el alma presta y decidida
aunque me convenza de que debo hacerlo
sé que esa rana va a hacer entonces croac
y yo tendré un sobresalto.
Croac hace la rana
y me estremezco
Croac croac
Croac.
Del libro “Sonetos” (1992)
MI PERRO SABE ABRIR LA PUERTA
Verdad.
Mi perro sabe abrir la puerta.
Si se enfrenta a una de ellas que se encuentra
cerrada lo que hace es golpear mientras
su cola baila y permanece alerta.
Si
descubre que ella está entreabierta
la abre del todo con su pata y entra
con la alegría de aquel que reencuentra
la ruta perdida ahora descubierta.
Pero
una vez que entra nada hace
para cerrar la puerta tras de sí
como una ley que siempre se reitera.
Quod
erat demostrandum: si cerrase
la puerta es que es un ser humano y
yo tendría que irme a la perrera.
Del libro “Anna Pink y otros poemas” (2000)
VOY AL BAÑO A MEDIANOCHE
Voy
al baño a medianoche
y dos o tres cucarachas huyen a esconderse
Una de ellas se queda a medio camino
y se las arregla, negra y reluciente,
para simular que está escondida
inmóvil en un resquicio
Yo también simulo que no la veo
Y actúo para ella representando mi papel
“No te preocupes (le digo al retirarme). Sé
lo que es ser sorprendido en medio de la noche,
sé lo que es vivir en peligro amenazado siempre por el poder”.
ANNA PINK
Islotes
como lobos de mar
durmiendo sobre las aguas
abren paso hasta la exultante
Anna Pink.
Un
día soleado y leves nubes
Completando el panorama
Del océano sin límites
Un
gran silencio es lo que me rodea
Soy el viajero asido a la borda de un navío
Soy
el que mira y toma nota
haciendo muecas de desdén
a la muerte que acecha
desde las aguas sacudidas
por el avance de la nave
Soy
el hombre que observa un paisaje marino
en algún lugar del planeta
Soy el paradigma de la observación
sin compromiso
Del que es llevado por un rumbo
que el capitán trazó en sus mapas
alumbrado por la única luz encendida
en la inmensa oscuridad de la noche marítima
En
las memorias se proyectan
todas las etapas de una vida
como en la conciencia agitada de un moribundo
Estoy solo pero mi corazón va lleno de presencias
Si
alguien conocido aparece ante mi vista
Yo podré decir: “este es fulano de tal,
esto hace, por tal motivo lo conozco,
de tal tamaño es el espacio
que ocupa en mi memoria”
Y
si Anna Pink se aparece
delante de mí
con un fondo de sol vespertino hundiéndose en el océano
yo la dejo entrar en mi recuerdo
Yo me apodero de ella
La convierto en amuleto
Tatúo sus iniciales en carne viva
sobre mi torso desnudo
Anna
Pink es un nombre escrito para siempre
en mi carta de navegación.
LOS POETAS SE JUNTAN DE A TRES
Antes
de morir
los poetas se juntan de a tres
a conversar en una esquina
Dos
poetas conversando en la esquina
son una incógnita
Tres es el número preciso
Y han de juntarse al azar
Cuando
uno va el otro viene
y el tercero espera a alguien
o se ha detenido en esa encrucijada
sin saber qué camino tomará
Puede
tratarse de éste, de aquél
o el de más allá
Lo importante es que escriban poemas
y que la gente sepa que es eso lo que hacen
cuando a solas se encierran en sus cuartos
y permanecen horas y horas meditando
frente a una hoja de papel
Estos poetas que de a tres se juntan en la esquina
pueden llamarse de la forma que usted quiera
Para abreviar yo les pondré un apelativo
A
ese hombre de pelo entrecano llamémoslo Martín
Al de rostro endiablado y melena enrevesada
el porvenir lo distinga a secas como Enrique
¿Y al tercero? Al tercero le corresponda
ser Rolando
Martín,
Enrique y Rolando
se juntan cierto día en una esquina
Se los ve desde lejos enfrascados
en una charla calmada
¿Qué dice cada uno a los otros dos vértices de este
triángulo?
¿Por qué se les ve inclinarse levemente
hacia el centro del ruedo
como para poder escuchar mejor las mutuas voces
musitadas?
¿De qué hablan?
¿De qué hablaban
cuando este cronista solitario
los observó una tarde conversando en una esquina?
¿O es que se concertaron para juntarse ahí
ese día y en esa esquina
para dejar una imagen clara en la retina del testigo?
Los
poetas se juntan de a tres a conversar en una esquina
antes de empezar a morir
uno después de otro
De lo que hablaban no es asunto que tome estado público
Se juntan, de a tres, y se escuchan atentos y se miran
sentenciosamente
Los poetas se juntan a conversar en una esquina
antes de morir
Primero Enrique, por ejemplo, y después Martín y Rolando
para cerrar la ronda
Los poetas se juntan de a tres y allí los tengo en la memoria
Tres es el número justo por ahora
Cuatro podría ser redundancia
Y por eso no hagan intento de acercarse a un ruedo
que tras ese día debía empezar a disolverse
después de posar para esta fotografía.
HERNÁN MIRANDA CASANOVA (Quillota, 1941): Estudió Castellano y Periodismo en la Universidad de Chile y es Magíster en Filosofía Política. Es autor de ocho libros y figura en una veintena de antologías publicadas en Chile, América latina y Europa. Ha publicado: “Arte de vaticinar” (1970), “La Moneda y otros poemas” (1976), “Versos para quien conmigo va” (1986), “Trabajos en la vía” (1987), “De este anodino tiempo diurno” (1990), “Sonetos” (1992), “Décimas de nuestra tierra” (1993), y “Anna Pink y otros poemas” (2000). A ello se agrega “Bar abierto”, antología de su obra (Ediciones Tácitas, 2003). Entre otros reconocimientos, ha recibido el Premio Casa de las Américas (La Habana, 1976) y el Premio Municipal de Santiago (1991). Fue integrante becado del Taller de Escritores de la Universidad Católica en 1972 y ha obtenido la Beca de Creación para Escritores Profesionales del Consejo del Libro y la Lectura en 1998 y 2003.





































