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Poemas de Marcelo Alaniz


Fotografía de Nada Maleš




Una diosa embalada

Hoy viste un rio moderno
ahogando los brazos extra
de una diosa embalada,
ahora estas sentada
en este cuarto
que empequeñece.

"Averigua cuanto puedes
acercarte a la lámpara
sin quemarte
lalamparaeselsol"

Sentados en este cuarto
que empequeñece
piensas como pesan
nuestras huellas en el barro,
pero esta bien descuidarse
para preguntar por esa amiga
que ahora es madre soltera
o  ver nacer colores
de peleas entre patos y gansos
ya que sus ondas en la laguna
borran el recuerdo
en que tu rostro reflejaba tu rostro
y veías una diosa ahogándose
sentada en este cuarto
que empequeñece

"Averigua cuanto puedes
acercarte a la lámpara
sin quemarte
lalamparaeselsol"






Peer Gynt

                                                 A Heinz

Era sol de la mañana
botella que reemplaza
seno materno
espantando el matrimonio
en que sin bautizar
nos bendijeron.

En el primer piso
vive uno como naturaleza muerta
- me dijeron -
observo que es el tercer día de sol
y el arce aun no renace.

La noche pasaba ayer
sin sombrero
como guardando respeto
a los otros borrachos
y a las 2 am
guiado por el alambrado
encontré un Monte de cerezos
que se congelaba.

Quise partir disparando,
pero así termino,
volviendo a beber
disfrazado de suicida
casi como escuchando
que afuera suenan las ambulancias
pidiendo que nos vayamos
siguiendo el ejemplo
al monte de cerezos
intentando no salga la luna
disparando.



Conciertos de azotea

Vi al último juguetero de tu vida
masticando en la ventana
un girasol futuro
y suena como vida primera
la primavera.

En esta caja blanda
un pálido retrato
se parece a mi madre
y quiere advertirme
que si alivia mata.

Blanca, tortura blanca ¿Que debo sentir con la nieve?

¿Cómo se llamaba
el chico de las portadas
que encontraron muerto
y andaba persiguiendo
el viento entre los juncos?
Ese también era valiente,
pero las escaleras o suben o bajan
o vienen o devienen
y a veces
se entra en la misa
cuando la virgen de Andacollo
da la espalda.

Blanca, tortura blanca ¿Que debo sentir con la nieve?

En esta caja blanca
una mancha de sangre
se parece a mí
y quiere advertirme
que si alivia mata.




Donde dice gorriones

Aquí dice gorriones,
pero debiera de decir
ladrón de afrecho
metido a la fuerza
entre lo humano
y monógamo hasta la muerte.

Aquí donde debiera decir dolor
dice gorriones
y donde debiera decir militares
dice reloj de bolsillo.

Aquí debiera decir fallecido,
pero dice cuerpo
y debiera de haber uno,
pero hay montones de gorriones
hay montones de gorriones
hay montones de gorriones.




Arde el palacio del Cardo

Que meditación esconde
la máquina registradora
en la frutería turca
que casi mezcla
naturaleza y desarrollo
a la manera de la pala
en el umbral del cementerio.

Otra domada hora
a esta hora
en que recupera la India
sus joyas de oriente robado
y desaparecen los días
entre olor hoja muerta
y el sol que la carboniza.
Vida te incendias tu misma
como Venus y sus amantes
en lodo y ceniza.

Grito en la copa vacía
de la cordillera
para que su curvatura
devuelva los gemidos a mi boca.
Por unos segundos
le paso yo a las cosas
y a mí no me pasa nada.





Marcelo Alaniz (1992), poeta nacido en La Serena, Chile, cursa durante los años 2011 y 2015 la carrera de Pedagogía en Castellano y Filosofía en la universidad de La Serena donde colabora con la revista Humus de la misma universidad con sus primeros versos el año 2014, el año 2015 publica su primer poemario autogestionado en la ciudad de Vicuña dentro del marco de las lecturas primaverales, el año 2017 realiza colaboraciones en distintas revistas destacando "Exp Lunch" con poemas y  "Revista Cinosargo" con ensayos además de ser clasificado finalista del concurso "Gonzalo Rojas Pizarro" de la municipalidad de Lebu con el poemario "La derrota del Doppelgänger" , actualmente vive en Düsseldorf, Alemania, dedicado al estudio de la lengua alemana.





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