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Antonio Di Benedetto tres libros (Los Suicidas, Zama y El silenciero)






Los suicidas

El narrador trabaja como reportero en una agencia de noticias y recibe de su jefe el encargo de investigar las causas que han llevado a dos suicidas a tomar esta decisión, un poco a modo de novela policiaca porque existe la investigación de unas muertes, y es que, aunque los asesinos son claros, desconocemos los motivos. El personaje se muestra esquivo, solitario, apartado de los otros y, además, se va relacionando con varias mujeres, siempre de forma cínica y desapegada. Los misterios, lejos de desentrañarse, nos conducen a otros mayores, hablándonos por el camino de las contradicciones o zonas oscuras de una sociedad (posiblemente la bonaerense de la década del 60 del siglo XX) y de los rincones turbios del propio personaje, obsesionado con el suicidio del padre y la posibilidad de que esta -enfermedad- sea hereditaria.

Zama


Como la mayor parte de los acontecimientos literarios, la aparición de Zama en 1956 pasó prácticamente desapercibida. Algunas reseñas bibliográficas aisladas señalaron sin embargo la calidad del libro. Abelardo Arias diría más tarde, y con razón, que si Antonio Di Benedetto hubiese escrito sus cuentos y novelas en París y no en Mendoza, su ciudad, sería mundialmente famoso, a diferencia de otros escritores latinoamericanos que escriben desde Europa y han alcanzado de ese modo, y quizás por esa razón, gran renombre en las letras continentales pero no mundiales, Zama ocupará algún día ese lugar codiciado. Si los críticos de habla española hablaran de los buenos libros y no de los libros más vendidos y más publicitados, de los libros que trabajan deliberadamente contra su tiempo y no de los que tratan de halagar a toda costa el gusto contemporáneo, Zama hubiese ocupado en las letras de habla española, desde su aparición, el lugar que merece y que ya empieza, de un modo silencioso, lento y férreo, a ocupar: uno de los primeros. Zama es superior a la mayor parte de las novelas que se han escrito en lengua española en los últimos treinta años, pero ninguna buena novela latinoamericana es superior a Zama. 


La estructura interna de Zama es aparentemente simple. Es el protagonista mismo quien narra, en primera persona, diez años de su vida, años cruciales en que su decadencia física y moral va poniéndolo, como un río lento y terrible, en la orilla opuesta de la vida.



El silenciero


El silenciero` es una novela de Di Benedetto más kafkiana que `Zama`, y en ella se nos propone también el ruido como locura, como imposibilidad de enfrentarse a la vida. 
El narrador sin nombre de la novela, cuya acción se sitúa, como dice Benedetto -en alguna ciudad de América Latina, a partir de la posguerra tardía (el año 50 y su después resultan admisibles)`, comienza hablándonos de un pequeño problema doméstico: desde el patio, llega a su casa un ruido, -Yo abro la cancela y encuentro el ruido-. El ruido exaspera al narrador, que tiene 25 años y un trabajo de tarde en una oficina, pero durante el comienzo de la novela este hecho no rebasa el orden cotidiano de la narración. Durante la primera parte del libro, el narrador nos habla de su amigo Besarión, compañero de trabajo, de su amor en la distancia por una vecina, Leila, y de su relación con una amiga de ésta, Nina, así como de su madre y del trabajo en la oficina. 
El narrador tiene en mente escribir una novela titulada -El techo-, pero el ruido siempre estará ahí para interrumpirle, para desbaratar sus planes y su mente. 

El ruido, en más de una referencia en la novela, se une a la idea de progreso. -Lo que entra allí es progreso, pero no está donde tendría que estar, porque todo, alrededor, se halla habitado, y la gente no puede ni dormir, ni comer, ni leer, ni hablar en medio del desorden de los sonidos-. 

El ruido empieza a descomponer la posible normalidad en torno al narrador, en torno a su aburrimiento de clase baja-media: su amigo Besarión, posiblemente loco, obsesionado con organizaciones secretas, su relación con Nina, la amiga de la chica del la que se ha enamorado, y que acabará siendo su esposa, la relación con su madre? 

El narrador llega a preguntarse: -¿cómo pueden ignorar lo esencial, que el error se halla incorporado a la raíz del hombre--, frase que podría haber pronunciando también Zama, en la novela anterior, dos siglos antes, y que parece una síntesis de las reflexiones de Benedetto sobre la existencia. 
La Ley, como en las novelas de Kafka, no parece poder ayudar al protagonista. La Ley de los hombres sólo conseguirá que se enfrente a los otros, a sus ruidos, sin posibilidad de victoria, o sólo alcanzando victorias temporales, insuficientes. 

El ruido asedia al narrador: abren un taller mecánico cerca de su casa, y cuando se cambie de vivienda, se irá topando con salas de baile, con mercados, con radios, incluso, durante unas vacaciones en el campo, con los ruidos primitivos de la herrería del pueblo? 

En la segunda parte del libro ya no hay tregua, el ruido domina la vida del narrador, cada vez más alejado de la normalidad, de los otros, hasta su aislamiento total? Su amigo Besarión llegará a decirle: `Usted oye ruidos metafísicos`.

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