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José María Eguren: Poesía Completa





Breve texto introductorio por Daniel Rojas Pachas.


Juan Carlos Mariategui, cuya relación[1] con Eguren está largamente documentada, nos dice lo siguiente:

“El simbolismo francés no nos da la clave del arte de Eguren. Se pretende que en Eguren hay trazas especiales de la influencia de Rimbaud. Más el gran Rimbaud era, temperamentalmente, la antítesis de Eguren. […] Su vitalidad excesiva no se resignaba a una bohemia citadina y decadente, más o menos verlaineana. Rimbaud, en una palabra, era un ángel rebelde. Eguren, en cambio, se nos muestra siempre exento de satanismo. Sus tormentas, sus pesadillas son encantada e infantilmente feéricas” (Mariátegui 1928: 297).

Este carácter feérico al cual alude Mariategui y la asimilación de lo bello a la bondad y a la pureza, Eguren lo expresa en su prosa La Belleza[2] recopilada junto a otros textos de la misma índole bajo el nombre de Motivos.

“La belleza es lo bueno como principio puro; es la armonía del misterio; sin éste se borra en un compás monótono, en la nada”.

Lo feérico en Eguren tiene además una significación antitética pues trata opuestos complementarios.

En el ensayo Sinfonía del bosque[3] el autor da cuenta de la oposición entre un mundo en evolución producto de las nuevas tecnologías y el imperio del hombre frente a una realidad dionisiaca anterior a las grandes metrópolis.

“Las hadas se han convertido en aviadoras y el amor en un juego de viajes. En varios bosques de Europa, soi-disant, el fauno de Debussy ha mitigado sus lamentos. El bosque continúa sus milagros, pero son milagros vanguardistas, diríamos apristas. Ya no hay bosques imperiales. El mundo marcha. Pronto estos bosques viejos, rejuvenecidos, vestirán smocking verde recortado a nueva forma. El avión  ha transformado este retazo de mundo, descubriendo su ocultismo y avizorando nuevos misterios. El avión ha traído al bosque un humanismo grato; el hombre antiguo era siempre prisionero del bosque al caminar dentro de sus lindes. Hoy es dominador por la libre altura. Antaño sometido a los faunos; hoy, sometido al hombre”.




[1]  La revista Amauta se publicó en Lima de 1926 a 1930. Desde el principio, la revista se definió como la obra de “fautores” a los que “se les llama vanguardistas, socialistas, revolucionarios, etc.” (Mariátegui, 1926a: 1). En ella se dio cabida a la mayoría de los poetas y narradores de la vanguardia del Perú (Santibáñez, 1998: 363) -Oquendo Amat, el joven Westphalen, César Moro, Alberto Hidalgo-, junto a las figuras de la vanguardia latinoamericana –Neruda, Huidobro y Vallejo-, pero fundamentalmente se atendió a los escritores peruanos de la década de 1920 (Veres, 2001). Junto a los escritores evidentemente adscritos a lo vanguardista, abundaron dentro de la revista colaboraciones con rasgos del modernismo tardío o postmodernismo, colaboraciones de escritores del grupo Colónida y autores como Martín Adán, Serafín Delmar, María Wiesse y el mismo José María Eguren.
[2] Publicado en Amauta, No 29, Lima, febrero-marzo de 1930, pp. 21-23, bajo el título de “Motivos estéticos”. Conservado, también con este título, en cinco hojas mecanografiadas de 21,0 x 28,8 cm., del DAPS en la Biblioteca Nacional. En el Archivo José Carlos Mariátegui se conserva un recorte de este motivo aparecido en Amauta, en el que el título “Motivos estéticos” ha sido tachado con lápiz rojo y con el mismo lápiz, en la parte superior, se ha cambiado a “La belleza”.
[3] Publicado originalmente en La Revista Semanal, No 190, Lima, 23 de abril de 1931.

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