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Toda Violeta Parra: Antología presentada por Alfonso Alcalde





"La vimos pasar a nuestro lado y no la comprendimos", confesó uno de sus arrepentidos. No es el único en esta hora del culto de la animita. Cuando se perforó la sien aquel crepúsculo del 5 de febrero de 1967 estaba sola y desesperada. Después de su muerte, su gloria comenzó a crecer como el "musguito en la hierba", con una fuerza inexorable. La aparición de sus "Décimas" la sigue rescatando del olvido. Hoy hay que intrusear en su vida, escarbarla profundamente, darle varias vueltas en su tumba, interrogar sus huesos y decir que estamos arrepentidos. Por eso nos golpeamos el pecho y nuestra conciencia. El pintor Martínez Bonatti en un justificable gesto expiatorio afirma: "Fallamos como seres humanos. Cuando hace años, los tapices de Violeta Parra colgaban en la Feria de Artes Plásticas, nosotros pasamos de largo y no fuimos capaces de participar, de querer tener esas cosas. Ahora todos queremos tener un tapiz de Violeta Parra." Resulta inevitable reunirla con Críspulo Gándara, ese otro olvidado y marginado. Los dos tienen una raíz común: la fuerza para expresarse contra todo tipo de calamidades incluyendo a los doctos, los inútiles, los burócratas. Cada uno usa la guitarra como una herramienta. Don Críspulo aparece como más ingenuo mientras Violeta se carga de mortificaciones. Don Críspulo casi saborea la carcajada en esbozo. Violeta se carga de tintas más amargas. Pero los dos viven y mueren como una raíz común: su afán por calar en profundidad el sentimiento popular con una dignidad que asombra. Ninguno de los dos reunió un centavo sino para parar la olla y seguir viviendo. Cuando tuvieron algo de dinero lo gastaron a manos llenas. Cuando faltó, vivieron su hambre en silencio, sin darle mayor importancia.

Alfonso Alcalde

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