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Poesía de August Strindberg



 INQUERIDA HERENCIA


  Os jactáis de una alegre juventud,
  Viejos que criticáis ahora a los jóvenes
  Y a dulce pugna siempre estabais prestos
  Y en canto y vino el ideal cifrábais.
  Triste y cansada tribu sois ahora:
  Sólo en cuidaros vuestro blanco veis.
  Nacidos, cual nosotros, de una orgía
  Mejor sabréis cómo esas cosas pasan.
  Nadie se alegra de pagar las culpas
  Ajenas. En alcohólico grosor
  Acabásteis sumiéndoos, y por eso
  Son ahora tan esbeltos vuestros hijos.
  De los años cuarenta las promesas
  Nos pasasteis, y sífilis y culpas,
  Chupasteis luego vuestras golosinas
  Y royendo ideales nos dejasteis.
  Soñadores, echasteis discursitos
  Por Polonia, Finlandia y Dinamarca.
  Con ideales nosotros no soñamos:
  Callados contemplamos el futuro.
  Ponche y carne bebisteis y comisteis
  Por nuestra trinidad escandinava,
  Y como esa unidad quedó en charleta,
  La humanidad nosotros preferimos.
  Inquerido legado ser pudiera
  El nuestro, como pegadiza fruta:
  Herencias hay que a la tercera o cuarta
  Generación acosan a sus víctimas



 NIHILISMO REAL


  El rey, desde su palco del proscenio,
  En el Teatro Real, la señal hace
  De aplaudir, y con gran premura el público
  A obedecer se apresta la real orden.
  ¿Es por Natalia, née de Gogol,
  O por la actriz que la encarna esa orden?
  ¿O es, quizá, al decorado y a los bellos
  Trajes a lo que todos tanto aplauden?
  Esto último es lo que ha pensado el cínico
  Que encuentra que la obra es un poco roja
  Y hubiera preferido verla muerta,
  Aunque al autor el público reclama.
  Fue, pues, un homenaje al nihilismo
  Lo que este real mandato desbocó,
  ¡Tan suprema se ha vuelto la corona
  Que hoy el nihilismo es alto acato al rey!


  Durante el entreacto se oye luego
  Entre los que se ven en el vestíbulo
  Un suave murmurar: "¡… Créeme… te digo…
  Verás como esta novedad prospera!".




 PLENO VERANO EN INVIERNO


  Fuera es tarde y hiela invierno,
  Triste, obscura está la calle.
  No tira la estufa y tiembla,
  Suena la puerta estruendosa
  Si nos ase la corriente.
  Termina la simple cena,
  La chica quita los platos;
  Luces encendamos para
  Transformar la noche en día
  Y en gozo tornar la noche.
  Voy a bajar las cortinas,
  Que no nos vea el vecino;
  Vino escancio en la garrafa
  Y con bello y estival
  Rostro siéntate al piano.
  Canta el bosque y el estío,
  Pero canta más el mar
  Siempre a la tormenta presto,
  Airado amigo, mas fiel,
  Negro fondo y ola azul.
  Y ahora, con tus frescas notas,
  Y del piano la armonía,
  Crecerán mis pelargonios
  Nacidos en zonas cálidas
  Y bosque se harán tupido.
  Regatas el guardafuegos
  Refleja, azules montañas
  Y albas velas, el bordado
  Escabel contra la alfombra
  Pálidas flores refleja.
  Nos devuelve en perspectiva
  Nuestro nido el gran espejo,
  Aunque es una ilusión óptica.
  El vino no es mal pintor
  Y a la realidad da vida.
  Lejana mesa reposa
  Bajo una hilera de libros,
  Mortecina luz sonríe
  Soñolienta entre las plumas
  Junto a tintosas cuartillas.
  Luego miro hacia tu cuarto:
  Muebles verdes en cretona;
  Veo tu cuaderno de cuentas
  En tu cesto de costura
  Con tus notas teatrales.
  Mas por la puerta entreabierta
  Tu cabecita contemplo;
  Tus ojos, como una espada,
  Me hincan filo, mas no punta,
  Y en el espejo sonríenme.
  Contemplo tu frente clara,
  La lámpara palidece,
  Chispea el broche en tu pecho:
  Un relámpago entre dos
  Miradas que en una mueren.
  ¡Calla, que a la puerta llaman!
  Ay, de sobra sé quién es:
  El cartero, última ronda.
  ¡Calla como muerta, amiga,
  No abriré el buzón, no temas!
  ¡Déjalas que allí reposen:
  Frías cartas y frías pruebas.
  ¡Entre tú y yo la paz reine,
  Y ambas, si inquietud suscitan,
  Sigan ahí dentro guardadas!
  ¡Canta, amante bendecida,
  Ya ningún timbre nos turba!
  ¡Canta más, que corra el vino,
  La alegría pronto pasa,
  Toda la noche ahora es nuestra!




 NAVEGACIÓN


  Ciñe el trinquete, el viento
  Ahora nos está en contra.
  Tu inquieto velo miro,
  Tu cabello vivaz.
  Tu ágil velo azul veo
  Entre cuerdas y mástiles
  Como del cielo atisbo
  Y azuleante onda.
  Diez años ha lo vi
  Envejecer primero;
  ¡Grandes fueron las riñas,
  Mas el amor crecía!
  Fue en la calle de Drottning,
  Un bello día de junio,
  Cuando, en angosta acera,
  Tú y yo nos encontramos.
  Entre la gente huiste
  Y los escaparates,
  Tu cola y tus botinas
  Su frufrú conjuntaron.
  Sombreros y sombrillas
  Dominaban tu velo.
  Luego hundióse en la humana
  Turba, que lo cubrió.
  Pero yo lo encontré;
  Cual gallardete en mástil,
  Luego, tormenta adentro,
  Nunca dejé de izarlo.
  Tu inquieto velo azul
  Sigue igual de azul siendo,
  Ya no es el mismo, claro,
  Pero al tiempo lo es siempre
  Larga ahora el trinquete,
  Bajan del mar las olas.
  No tememos tormentas,
  ¡La prole espera en casa!




 (SENSACIONES DE PRIMAVERA)

  ¡Escucha cuán fuerte sureña tormenta
  De Vasa en el burgo veletas agita
  De Bóreas la rabia frenética burla
  Y loco se lanza por plazas y calles
  Y tiemblan los hielos
  A golpes de sol
  Y azotan ventiscas
  Los fosos profundos!
  Primavera la suave sus iras olvida
  Si el averno está pálido su cesta de flores
  Al paso de la alba camilla vacía
  Y del moribundo la frente corona
  Salmodian los pinos
  Del cortejo al paso
  Y en vano contiene
  Su llanto la anémona
  Sus hierros arroja de sí Fyris presa
  Y altiva se yergue, de sí mira en torno
  Y alegre zambúllese del lago en las aguas
  Y allí con las olas al corro retoza
  Y al viento saltando
  A veces dormita
  De un olmo en las ramas
  Del bosque de Odín
  ¡Oh pálido mozo tu afán de ti espantas
  Ventanas abriendo del suave aire gozas
  La alba gorra sacas pues llega el momento
  De olvidar los ayes
  Y con tus amigos
  A la primavera
  Un cálido vaso
  De ponche le brindas!




Autor teatral sueco, considerado con frecuencia como el mejor escritor que ha dado ese país escandinavo. Nació en Estocolmo el 22 de enero de 1849, hijo de un noble arruinado y su sirvienta. Después de cinco años de asistencia discontinua a la Universidad de Uppsala, pasó por distintos trabajos en Estocolmo, tales como maestro, actor, periodista y bibliotecario. Por lo general, los críticos dividen su producción literaria en dos categorías, la naturalista y la expresionista, que coinciden con las dos grandes etapas de su vida, separadas por un periodo totalmente improductivo (1894-1896) durante el cual, el autor vivió en París, sufrió una enfermedad mental y asistió al final de dos de sus tres desdichados matrimonios. Los primeros trabajos de Strindberg, la mayor parte de ellos novelas y obras de teatro, son estrictamente naturalistas, producto de una reacción contra los excesos del romanticismo en la literatura sueca. La segunda etapa la inaugura la autobiografía Infierno (1897), en la cual el autor describe el periodo de tiempo en que estuvo mentalmente incapacitado. Su trabajo, a partir de este momento, fue menos realista, influido por sus creencias religiosas y por movimientos literarios como el simbolismo y el expresionismo. Sus obras completas, que comenzaron a publicarse en 1981, ocuparán, según los cálculos, un total de 75 volúmenes.

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