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Cinco poemas de Maiakovski




A todos 

No se culpe a nadie de mi muerte, y por favor, sin comentarios,
al difunto le molestaban enormemente.
Madre, hermanas, camaradas, perdonadme -no es un método,
                                                          no se lo aconsejo a nadie,
pero no tengo otra salida.
Lilí, ámame.
Camarada Gobierno: mi familia se compone de Lilí Brick,
madre, mis hermanas y Verónica Vitóldovna Polónskaia.
Si les haces la vida soportable, gracias.
Enviad los versos inacabados a los Brick. Ellos sabrán descifrarlos.
Como suele decirse,
               el «incidente ha concluido»,
«la barca del amor
               se estrelló contra la vida cotidiana».
Estoy a mal con la vida
                y es inútil recordar
dolores,
          desgracias
                          y ofensas mutuas.
                                                    Sed felices.


Vladimir Maiakovski, 12-4-1930
(De: Recuerdos sobre Maiakovski, Editorial Kairós, 1976)




El Autor se dedica, a sí mismo amado, estos versos

Las cuatro.
Pesadas como un golpe.
“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”
Y a aquél
como yo,
¿a dónde se le escurre?
¿Dónde hay una guarida preparada para mí?
Si fuera yo
pequeño,
como el Gran Océano,
de puntas me pararía a mis anchas,
en la pleamar resarciría a la luna.
¿Dónde encontraré una amada
tal como yo?
¡Ésa no cabría en este minúsculo cielo!
¡Oh, si fuera indigente!
¡Como un millonario!
¿Qué es el dinero para el alma?
¡Un ladrón insaciable!
A la desordenada horda de mis deseos
no le basta el oro de todas las Californias.
¡Si yo fuera tartamudo
como Dante o Petrarca!
¡El alma de alguna encendería!
¡Ordenaría a los versos reducirla a cenizas!
Y las palabras
y mi amor
son un triunfal arco:
Suntuosamente,
sin rastro pasan a través de él
los amantes de todos los siglos.
Oh, si fuera yo
callado
como el trueno,
el galope estremecería la tierra decrépita.
Si yo
todo su poder
arrancara a mi voz enorme,
los cometas romperían sus brazos encendidos,
cayendo con tristeza.
Con los rayos de mis ojos mordería la noche,
¡oh, si fuera yo
opaco,
como el sol!
¡Me es tan necesario
que me den a beber leche
del regazo agotado de la tierra!
Paso,
arrastrando mi amor inmenso.
¿En qué noche
delirante,
enferma,
qué Goliaths me parieron
tan grande
y tan innecesario?





El poeta es un obrero


Se le ladra al poeta:
«¡Quisiera verte con un torno!
¿Qué, versos? ¿Esas pamplinas?
¡Y cuando llaman al trabajo, te haces el sordo!»
Sin embargo
es posible que nadie
ponga tanto ahínco en la tarea
como nosotros.
Yo mismo soy una fábrica.
Y si bien me faltan chimeneas,
esto quiere decir
que más coraje me cuesta serlo.
Sé muy bien
que no gustáis de frases vacías.
Cuando aserráis la madera, es para hacer leños.
Pero nosotros
qué somos sino ebanistas
que trabajan el leño de la cabeza humana.
Por supuesto
que pescar es cosa respetable. Echar las redes.
¿Quién sabe? ¡Tal vez un esturión!
Pero el trabajo del poeta es más beneficioso:
la pesca de hombres vivos, esto es lo mejor.
Enorme, ardiente es el trabajo en los altos hornos,
donde se forma el hierro chisporroteante.
¿Pero quién
se atrevería a llamarnos holgazanes?
Nosotros bruñimos las mentes con áspera lengua.
¿Quién es más aquí?
¿El poeta o el técnico
que procura a los hombres
tantas ventajas prácticas?
Los dos.
Los corazones son también motores.
El alma es también fuerza motriz.
Somos iguales.
Camaradas de la clase trabajadora.
Proletarios del cuerpo y del espíritu.
Solamente unidos
solamente juntos podremos engalanar el universo,
acelerar el ritmo de su marcha.
Ante una oleada de palabras, levantemos un dique.
¡Manos a la obra!
¡Al trabajo, nuevo y vivo!
Y a los que discursean
que se les mande al molino.
¡Para que el agua de sus discursos haga girar sus aspas!




Himno al crítico


De la pasión de un cochero
y una lavandera charlatana,
nació un hijo mediocre.

El niño no es una basura, no se puede arrojar al tacho.

La madre lloró y lo llamó Crítico.

El padre recordando sus antecesores,
gustaba discutir los derechos de maternidad.
Tenía educación de salón, de sociedad.
El chico debía inclinarse de pura humildad.

Como charla el sereno con la cocinera,
charlaba la madre y lavaba calzones.

De la madre heredó el chiquillo el olor,
y la capacidad de meterse fácil y con jabón.

Cuando creció alto como un bastón,
y las pecas salpicaron su rostro,
con un golpe elegante y feroz,
lo echaron a la calle, para que se haga hombre.

¿Acaso le hace falta mucho al hombre? Un montón.

Unos pantalones largos y un bocado de pan,
con su nariz como moneda de cobre,
desde sus primeros años le tomó al dinero el olor agradable.

A no sé qué propietario, de no sé qué estancia,
fue a golpearle la puerta con delicadeza,
y muy pronto, el Crítico de la famosa estancia,
ordeñó palabras, pan y una corbata de gran prestancia.
Fácil es ahora andar por el mundo vestido y calzado.

A los jóvenes buscadores de juegos exquisitos,
da gusto, aunque sea con unos párrafos,
morderlos con los dientes, y los carrillos ardientes.

Pero si se cuela en la red del diario
alguna palabra sobre la grandeza de Pushkin o Dante
parece que en el diario se descompone,
un enorme lacayo repugnante.

Y cuando, por último, en un aniversario,
se frotan los ojos entre espirales de incienso,
su nombre aparecerá el primero, barnizado,
y brillando en una tabaquera flamante.

Escritores hay muchos. Juntándolos, serán un millón.
Les construiremos una capilla a los críticos en Niza.
"-¿Usted cree que es fácil enjuagar vuestra ropa,
todos los días en la página de un diario o revista?"





Libertad de expresión

La primera noche ellos se acercan
y cogen una flor de nuestro jardín,
y no decimos nada...

La segunda noche, ya no se esconden y pisan las flores,
matan nuestro perro y no decimos nada...

Hasta que un día el más frágil de ellos
entra sólo en nuestra casa,
nos roba la luna, y conociendo nuestro miedo
nos arranca la voz de la garganta.

Y porque no dijimos nada

...ya no podemos decir nada.




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